lunes, 4 de marzo de 2013

Los amantes pasajeros, de Pedro Almodóvar



Treinta años después de que se estrenara la legendaria Aterriza como puedas, nos llega el remake patrio de la mano del manchego de oro.


En un lugar de La Mancha, concretamente en Ciudad Real, tuvieron la genial idea de construir un aeropuerto. Con el paso del tiempo no hubo ninguna aerolínea dispuesta a afrontar la quijotesca aventura de operar vuelos en dicho aeropuerto, y como era lógico se acabó cerrando al público. Esto ocurrió en octubre de 2011. Alguien debió de pensar entonces que había que aprovechar tanta pista de aterrizaje desértica, así que llamaron a la puerta de un cineasta de cuyo nombre todos se acuerdan, y le ofrecieron rodar una película en las instalaciones casi por estrenar. 

Espero que sucediera así y no a la inversa, y que este sea un trabajo de encargo y con fecha de entrega, porque sino no entiendo como el único español que ha ganado el Oscar como guionista (en 2003 por Hable con ella), con una filmografía repleta de logros, ha escrito estos Los amantes pasajeros como si se hubiera sometido a un tratamiento de electroshocks que le llevaran de vuelta a los ochenta.

Tenemos un avión en el que sus tres azafatos masculinos son gays, a los que por supuesto les gusta la bebida, las drogas, rezar y hacer playbacks. Javier Cámara (La mala educación), Carlos Areces (Balada triste de trompeta) y Raúl Arévalo (Gordos) les dan vida, no era un gran admirador de ninguno de ellos y lo soy mucho menos después de oírles interpretar diálogos tan agudos como este “-Quiero hacer una llamada. -¿Una mamada?”. 

Luego están los pilotos, que por culpa de Antonio Banderas y Penélope Cruz, protagonistas tan sólo del prólogo, tienen que lidiar con una avería que les obliga a sobrevolar constantemente la provincia de Toledo a la espera de proceder a un aterrizaje forzoso. Antonio de la Torre y Hugo Silva son los responsables de la seguridad de una tripulación preocupada por perder la virginidad y solucionar problemas amorosos de dudosa relevancia. ¿Dónde están Los mercenarios cuando se les necesita?

Cecilia Roth, Lola Dueñas, Guillermo Toledo y Miguel Ángel Silvestre son prácticamente los únicos pasajeros que van despiertos. No sabemos por qué los de clase turista van sedados y los de business no. Entiendo que Almodóvar no encontró una solución mejor para librarse de los figurantes, que en estos tiempos son un lujo, y se las ingenió para quedarse con unos pocos personajes que se van dando paso unos a otros como si de una sitcom de bajo presupuesto se tratase. 

Agua de valencia con mescalinas, una maleta que se transforma en altar, felaciones y erecciones varias -incluidas las que sintió el propio Pedro dirigiendo a “El Duque”-, una vidente que adivina el futuro manoseando al personal, una dominatrix que presume de haberse acostado con el Rey y debates sobre quién la come mejor, ¿los hombres o las mujeres? Todo muy provocador e inesperado viniendo de parte del director de Laberinto de pasiones.

Puede que a Pedro Almodóvar le importe más de lo que creemos lo que piensen de él y esta sea su venganza contra un público que no entendió el retorcido cambio de sentido que debería haber supuesto La piel que habito. Los amantes pasajeros gustará tanto como un episodio de Aída o La que se avecina, pero espero que los críticos en el extranjero no estén tan ciegos como demuestran estarlo cada vez que Woody Allen o Quentin Tarantino presentan película. 

Lo mejor: la secuencia que transcurre fuera del avión, con Carmen Machi tomando el relevo a Chus Lampreave como portera.

Lo peor: duele pensar que detrás de esto se esconde el responsable de títulos como Mujeres al borde de un ataque de nervios o Todo sobre mi madre.


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