Treinta años después de que se
estrenara la legendaria Aterriza como
puedas, nos llega el remake patrio de la mano del manchego de
oro.
En un lugar de La Mancha,
concretamente en Ciudad Real, tuvieron la genial idea de construir un
aeropuerto. Con el paso del tiempo no hubo ninguna aerolínea dispuesta a
afrontar la quijotesca aventura de operar vuelos en dicho aeropuerto, y como
era lógico se acabó cerrando al público. Esto ocurrió en octubre de 2011. Alguien
debió de pensar entonces que había que aprovechar tanta pista de aterrizaje
desértica, así que llamaron a la puerta de un cineasta de cuyo nombre todos se
acuerdan, y le ofrecieron rodar una película en las instalaciones casi por
estrenar.
Espero que sucediera así y no a
la inversa, y que este sea un trabajo de encargo y con fecha de entrega, porque
sino no entiendo como el único español que ha ganado el Oscar como guionista (en
2003 por Hable con ella), con una
filmografía repleta de logros, ha escrito estos Los amantes pasajeros como si se hubiera sometido a un
tratamiento de electroshocks que le llevaran de vuelta a los ochenta.
Tenemos un avión en el que sus
tres azafatos masculinos son gays, a los que por supuesto les gusta la bebida,
las drogas, rezar y hacer playbacks. Javier
Cámara (La mala educación), Carlos Areces (Balada triste de trompeta) y Raúl
Arévalo (Gordos) les dan vida, no
era un gran admirador de ninguno de ellos y lo soy mucho menos después de oírles
interpretar diálogos tan agudos como este “-Quiero hacer una llamada. -¿Una
mamada?”.
Luego están los pilotos, que por
culpa de Antonio Banderas y Penélope Cruz, protagonistas tan sólo
del prólogo, tienen que lidiar con una avería que les obliga a
sobrevolar constantemente la provincia de Toledo a la espera de proceder a un
aterrizaje forzoso. Antonio de la Torre
y Hugo Silva son los responsables de
la seguridad de una tripulación preocupada por perder la virginidad y solucionar
problemas amorosos de dudosa relevancia. ¿Dónde están Los mercenarios cuando se les necesita?
Cecilia Roth, Lola Dueñas,
Guillermo Toledo y Miguel Ángel Silvestre son
prácticamente los únicos pasajeros que van despiertos. No sabemos por qué los
de clase turista van sedados y los de business
no. Entiendo que Almodóvar no encontró una solución mejor para librarse de los
figurantes, que en estos tiempos son un lujo, y se las ingenió para quedarse
con unos pocos personajes que se van dando paso unos a otros como si de una
sitcom de bajo presupuesto se tratase.
Agua de valencia con mescalinas,
una maleta que se transforma en altar, felaciones y erecciones varias -incluidas
las que sintió el propio Pedro dirigiendo a “El Duque”-, una vidente que
adivina el futuro manoseando al personal, una dominatrix que presume de haberse
acostado con el Rey y debates sobre
quién la come mejor, ¿los hombres o las mujeres? Todo muy provocador e
inesperado viniendo de parte del director de Laberinto de pasiones.
Puede que a Pedro Almodóvar le importe más de lo que creemos lo que piensen de
él y esta sea su venganza contra un público que no entendió el retorcido cambio
de sentido que debería haber supuesto La
piel que habito. Los amantes pasajeros gustará tanto
como un episodio de Aída o La que se avecina, pero espero que los críticos en el extranjero no estén tan ciegos como
demuestran estarlo cada vez que Woody
Allen o Quentin Tarantino
presentan película.
Lo mejor: la secuencia que transcurre fuera del avión, con Carmen
Machi tomando el relevo a Chus Lampreave como portera.
Lo peor: duele pensar que detrás de esto se esconde el responsable
de títulos como Mujeres al borde de un
ataque de nervios o Todo sobre mi
madre.
Muy buena la critica,te a faltao poner q parecia un Torrente pero en version gay.
ResponderEliminarno podías haberla resumido mejor
EliminarLe tengo muchas ganas a esta película :D
ResponderEliminaren cuanto la veas nos cuentas qué te ha parecido :)
Eliminar