miércoles, 13 de marzo de 2013

Spring Breakers


El que fuera guionista de la polémica y generacional Kids, prosigue su filmografía marginal con el respaldo de Selena Gomez y Vanessa Hudgens que le acompañaron a su paso por Madrid.

 

Las protagonistas de dos de las producciones más populares entre los niños, Los magos de Waverly Place y High School Musical, abandonan el instituto para irse a la playa a drogarse y rodearse de malas compañías. Tras la idea de este viaje se esconde Harmony Korine, marido de una de las jóvenes actrices, Rachel Korine, que escribe y dirige el guión de esta Spring Breakers como si hubiera salido de una larga estancia en prisión y ansiase ver a tías desnudas besándose entre ellas y jugueteando con armas.

Con algunos títulos interesantes en su haber (Gummo, Mister Lonely) y tras su paso por los festivales de Sitges, Toronto y Venecia, esperaba encontrarme con una película provocadora e inteligente, y el resultado se asemeja a un interminable video musical de Skrillex. La sinopsis ya la he resumido perfectamente, me gustaría citar los grandes films a los que hace referencia, pero no quiero insultar más la memoria de ciertos clásicos del cine de criminales.

De Selena, Vanessa y Ashley Benson deduzco que querían darle un giro a sus monótonas carreras, pero lo de James Franco escapa a mi entendimiento. Que el protagonista de 127 horas engorde, presuma de dientes de oro y se ponga a rapear para transformarse en Alien, que así se hace llamar el padrino de las cuatro niñatas, no tiene explicación. Hay que estar ciego para leer el guión de Spring Breakers, con sus tres diálogos que se repiten hasta la saciedad, y no darse cuenta de que no hay nada por lo que merezca la pena pagar el precio de una entrada, a menos que al igual que el director sientas debilidad por ver a jovencitas en bikini.

Espero que las salas no se llenen del mismo público que vi en su presentación en la capital española. Soy muy crítico con la censura en las películas y también lo soy con la dudosa moral que exportan las series del Disney Channel, pero después de observar a una niña de ocho años llorando porque Selena Gomez le había firmado un autógrafo para minutos después ver cómo su ídolo se drogaba en pantalla grande, casi prefiero que sigan queriendo ser los más populares de la clase. Mejor hagan como la propia Selena y se vayan a casa, afortunada ella que abandona a sus compañeras en mitad de esta tortuosa road movie.

Lo mejor: nada.

Lo peor: que la incluyesen en la programación de ciertos festivales de prestigio, ¿hubo sobornos?


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