miércoles, 13 de marzo de 2013

Keira Knightley es Anna Karenina



Joe Wright (Orgullo y prejuicio, Hanna) dirige esta adaptación de la novela de Tolstói con Keira Knightley en el tormentoso papel que antes inmortalizaron Greta Garbo y Vivien Leigh.



En la Rusia de finales del siglo XIX, una joven aristócrata acude en defensa de su mujeriego hermano, cuyas aventuras amorosas no son bien vistas por su esposa Dolly (Kelly Macdonald). La heroína en cuestión no es otra que Anna Karenina (Keira Knightley), quien tranquiliza a Dolly alegando a la naturaleza animal del hombre. Lo que no sabe la pobre Anna es que ella misma está a punto de caer en la tentación del adulterio y que va a tener que modificar dicho discurso.

Antes de publicarse como novela, a nadie le extrañará saber que Anna Karenina era un folletín que León Tolstói escribía para la revista “El mensajero ruso”. Sus romances de alta sociedad nos recuerdan a los de la televisiva Downton Abbey y a los culebrones que invaden la sobremesa. El famoso autor, al que dio vida Christopher Plummer en La última estación, escogió a una adúltera como la protagonista de su obra para criticar la hipocresía de la élite rusa, algo parecido a lo que había hecho un siglo atrás Choderlos de Laclos con la nobleza francesa en Las amistades peligrosas.

Este atractivo material ha dado lugar a muchas adaptaciones cinematográficas y televisivas, y a pesar de eso apuesto a que sigue siendo desconocido para las audiencias actuales, que sin ir más lejos tienen en Gossip Girl un frívolo reflejo de lo mucho que se aburren los pijos de ciudad independientemente de la época que les haya tocado vivir. En un intento de innovar, Joe Wright, el magnífico director de Expiación. Más allá de la pasión,  se decanta por una original y teatral realización que sigue los pasos de su tediosa Hanna, visualmente impactante y dramáticamente hueca.

Suerte que los actores se sienten más atados al texto de Tolstói que a las órdenes de Joe Wright, que juega a perderles entre bambalinas y cambios de vestuario, ganador este último del Oscar en la pasada edición de los premios. Jude Law renuncia una vez más a su imagen para dar vida al conservador y sufrido Karenin, Domhnall Gleeson (Bill Weasley en la saga de Harry Potter) sorprende como el humilde Levin, personaje autobiográfico de Tolstói, y Aaron Taylor-Johnson (Kick-Ass, Nowhere Boy) se muestra irresistible en la piel del oficial Vronsky, que persigue a Anna por todo San Petersburgo hasta obtener lo que quiere.

La estrella de la función, Keira Knightley, está tan intensa como de costumbre, irresistible para unos e insoportable para otros, yo me debato entre amarla u odiarla, pero en este caso no me queda otra que desear que llegue el inevitable final –SPOILER- en las vías del tren. Su feminista y revolucionario personaje no consigue en esta versión despertar las simpatías de un público que sólo ve en ella a una mujer desesperada. Sus últimos momentos, en los que comprende lo absurdo de sus actos, se pierden en una expresionista puesta en escena que asfixia las potentes emociones de esta mártir.

Lo mejor: la banda sonora de Dario Marianelli.

Lo peor: que acabas odiando a la protagonista.



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