Aventura gráfica en la que
podemos elegir entre siete singulares personajes para intentar descifrar los
secretos de una cueva parlante: puzles cooperativos, diseño 2D y toda la magia
de un Ron Gilbert en plena forma.
Maniac Mansion fue el primer videojuego para ordenador que probé,
creo que fue en clase de informática, o quizás en casa de mi mejor amigo
entonces, con el que disfruté de títulos míticos como Doom, Indiana Jones and the
Fate of Atlantis o Tomb Raider.
En cualquier caso, yo que siempre he sentido predilección por el género de
terror, nunca olvidaré la experiencia, con sus múltiples finales, la
posibilidad de controlar a la vez a tres de sus ochenteros protagonistas, cada
uno con sus habilidades, el hámster que explotaba en el microondas, la mazmorra
de la que parecía imposible salir, y finalmente los tentáculos y el meteoro
heredados de los relatos de H. P. Lovecraft.
A día de hoy Maniac Mansion sigue siendo una de las cimas de las aventuras gráficas
que tanta popularidad obtuvieron en los PCs, aunque sólo se atrevan a rejugarlo
los amantes de los 8 bits y demás valientes –también llamados frikis- que saben
anteponer una buena historia a unas apabullantes cinemáticas. No entiendo cómo
algunos críticos se centran en resaltar ciertos fallos gráficos pasando por
alto la originalidad de la trama o la complejidad del desarrollo, y eso es lo
que ha pasado con The Cave, una de las propuestas más divertidas y sorprendentes
que sólo podemos obtener a través de Internet para Xbox 360, PS3, WiiU y PC, al precio de 12,99 €, es decir, lo que debería costar cualquier
videojuego para evitar la imparable piratería.
El título de Double Fine Productions y Sega
nos llega con el aval de haber sido diseñado por Ron Gilbert, ni más ni menos que el padre de Maniac Mansion y de otra de las sagas favoritas de los jugones, Monkey Island, cuyas dos entregas
podemos disfrutarlas en las grandes de Sony y Microsoft. Esto ha levantado
muchas expectativas, con el peligro que ello conlleva, pero después de haberme
pasado el juego dos veces, con seis de los personajes, y teniendo ganas de
pasármelo una tercera para saber qué oscuro secreto esconde la científica, he
de decir que no se le puede poner ni un pero.
Podría haber sido más largo,
podría prescindir de su absurdo modo cooperativo, podría haber eliminado alguna
ralentización que otra… a quién le importa. Hay rompecabezas a la vieja usanza,
es decir, investigando hasta el último rincón y probando imposibles combinaciones
de objetos; hay multitud de maneras de acabarlo, dependiendo de los personajes
que elijamos, y sólo podemos llevar a tres, cada uno con su propia fase en la
que descubrimos su trágico pasado; hay
un exquisito trabajo de dirección artística, la tétrica mansión victoriana o una
feria que recuerda a la del film La parada
de los monstruos dan buena muestra de ello; y hay una sarcástica cueva que
no sólo sirve de laberíntico escenario sino que es la voz en off que narra esta
inquietante historia con ecos de la serie Perdidos.
La aventurera que no quería compartir la fama, el paleto que se enamora de una exuberante femme fatale, la viajera del tiempo capaz de enfrentarse
con dinosaurios con tal de resolver un problemilla laboral, el caballero que en realidad es un fraude,
unos malvados gemelos sacados de una
película de Tim Burton, un monje con
telequinesis y una científica detrás de
un gran descubrimiento, forman el reparto de The Cave, valiente revival de un género glorioso que pocos se
atreven a recuperar en su forma más pura.
Curiosidades:
A lo largo de The Cave encontraréis alusiones a otros
trabajos de Gilbert, yo de momento he encontrados dos, el refresco Grog, que era el favorito de los piratas de Monkey Island, y Chuck la Planta, que es igual de inútil que en los demás juegos de LucasArts en los que ha aparecido.


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