Anthony Hopkins y Helen Mirren protagonizan y justifican el
visionado de este televisivo biopic especialmente dedicado a los amantes del
cine.
Cómo no voy a amar esta película si uno de mis films
favoritos es Psicosis, si uno de los primeros libros que leí sobre el séptimo
arte fue el imprescindible El cine según Hitchcock de Truffaut y si siendo un
adolescente devoré toda la obra del famoso director británico. Para ver
Hitchcock es recomendable cumplir alguna de estas premisas, más que para ver, que
todos tenemos ojos, para disfrutar y emocionarte con las manías, defectos y
virtudes del realizador que nunca ganó un Oscar.
Acompañar a Alfred Hitchcock durante el proceso de gestación
del que fue uno de sus mayores éxitos, que tiró por tierra cualquier teoría
sobre el guión cinematográfico asesinando a su protagonista en el minuto 30 y
sentó las bases sobre cómo hacer una eficaz y económica campaña publicitaria,
advirtiendo al espectador de que no desvelara el final, es una experiencia única
de la que hasta ahora sólo teníamos noticia a través de biografías, reportajes
o demás estudios.
A pesar de la importancia de Psicosis -nunca antes un prestigioso
director de los grandes estudios se había atrevido con un film de terror- en 1960
nadie imaginaba la repercusión que iba a tener dicho título y por supuesto los “making
of” no eran una práctica habitual. Surgió de este modo una leyenda en torno al
rodaje, que no hizo más que acrecentar la fascinación por la obra. La
relación de amor-odio de Hitchcock con sus musas, quién sostenía el cuchillo en
la escena de la ducha, cómo se consiguió sortear a la censura, la autoría de la
aparatosa secuencia del asesinato en las escaleras, la homosexualidad de
Anthony Perkins y el susto que se llevó Janet Leigh al entrar en su camerino
son algunas de las anécdotas que se ven reflejadas en Hitchcock.
Uno de los aspectos más curiosos del guión de John J.
McLaughlin (Cisne negro) es intentar adentrarse en la psique del maestro del
suspense e imaginárselo entablando conversaciones con el asesino en serie Ed
Gein, cuyos crímenes inspiraron la trama no sólo de Psicosis, también de La
matanza de Texas y de El silencio de los corderos, el horror y el arte dándose
la mano una vez más. Lástima que este material caiga en manos de alguien con
tan poca experiencia en la dirección como Sacha Gervasi (Anvil. El sueño de una
banda de rock) y las escenas más perturbadoras acaben siendo un pegote.
Hitchcock nos depara más de una sorpresa, pero la más grande
es descubrir que lo que empieza siendo un nostálgico homenaje a una obra
maestra se convierta en una historia de celos bajo la máxima “detrás de un gran
hombre hay una gran mujer”, con un inmenso Anthony Hopkins oculto bajo el
maquillaje nominado al Oscar y un reparto de actrices a su altura en el que
sobresalen Helen Mirren como la esposa del genio y una Scarlett Johansson que
por momentos consigue emular a Janet Leigh.
Lo mejor: si el cine es tu pasión esta es tu película.
Lo peor: No es tan original
como La sombra del vampiro ni tan delicada como Mi semana con Marilyn.
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Estupenda recomendación!! La verdad es que Anthony Hopkins nunca defrauda. No me la pierdo!!
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