jueves, 28 de febrero de 2013

Weekend, la película gay de la temporada



Londres, Milán,Toronto, San Francisco, Los Ángeles… son algunas de las ciudades por las que ha pasado este film de Andrew Haigh, al que le han llovido premios y nominaciones.



Confieso que he recurrido a la palabra “gay” en el titular para llamar la atención de los lectores de forma rápida y barata.  Y ni si quiera es cierto, si tuviera que elegir la mejor película de temática gay del momento sería sin duda Keep the lights on, que obtuvo cuatro nominaciones a los Independent Spirit Awards, pero como aún está pendiente de estreno en nuestro país no toca hablar de ella.

Weekend impactará a aquellos –la mayor parte del público- que estén poco acostumbrados a este tipo de historias en las que un veinteañero que no acepta su homosexualidad se enamora de alguien en principio opuesto a él. Mientras que no se hagan comedias románticas tan insulsas como las de Jennifer Aniston pero protagonizadas por gays, este tipo de films serán catalogados dentro de un subgénero ideado para captar a unos espectadores y espantar a otros, cuando simplemente deberían venderlo como una historia de amor del estilo de Brokeback Mountain, claro que entonces saldrían decepcionados.

Supongo que inspirado por la chilena En la cama o por la española Habitación en Roma, el director de Weekend, Andrew Haigh, da a sus personajes un margen de 48 horas. Russell (Tom Cullen) y Glenn (Chris New) se conocen en un club gay de Nottingham, ciudad que no tengo intención de visitar después de ver la homofobia que se respira en sus calles, según el punto de vista del realizador británico. Haigh parece haber sufrido mucho, o por el contrario no tener ni idea de lo que habla, y querer transmitirlo a base de situaciones forzadas. Que el protagonista se asome a la ventana de su décimo piso y se ponga a discutir con alguien que repentinamente le insulta desde la calle no lo veo viable y me saca completamente de esta “realidad” filmada, por poner un ejemplo.

Por otro lado, resulta difícil no simpatizar con el introvertido Russell, cuando escapa de sus aburridos amigos heterosexuales para irse de fiesta (los he visto más animados) y hacer la obligada visita a los baños, o cuando se siente fuera de lugar al conocer a los etílicos amigos de su fugaz pareja. También resulta difícil no sentirse atraído por Glenn, que va grabando testimonios de sus polvos para completar su proyecto artístico, y que ve cómo se tambalea su mundo, donde ya no había espacio para el amor.

Son estos personajes, físicamente estereotipados a gusto del consumidor (barba, chándal y demás)  lo mejor de un film que no hace honor a su título, ya que bien podría ocurrir cualquier día de entresemana en una gran ciudad

Lo mejor: a ratos es sincera.

Lo peor: su caduco discurso contra la homofobia.



No hay comentarios:

Publicar un comentario