viernes, 25 de octubre de 2013

Don Jon, de Joseph Gordon-Levitt



Primer largometraje del protagonista de (500) días juntos, que se dirige a sí mismo junto a Scarlett Johansson y Julianne Moore en este comedia sobre un adicto al porno.

Imagen:Wanda Films
 Puntuación: 7

Al lado de Shame (Steve McQueen, 2011) este Don Jon parece una película de Disney, pero como no todos tuvieron valor para ver el duro film protagonizado por Michael Fassbender y el recuerdo de Boogie Nights (Paul Thomas Anderson, 1997) es difuso, Joseph Gordon-Levitt –el Robin que no veremos en acción- escribe, dirige y protagoniza una amable comedia sobre un macarra que prefiere ver videos porno a tener una relación de verdad.

Jon (Gordon-Levitt) es el típico tío que según entra en la discoteca activa el radar y da caza a la tía más buena. Así de básico es el comienzo de Don Jon, cuyo lenguaje visual y verbal dista mucho de los grandes títulos antes mencionados. Jon nunca pasa de la primera noche con una mujer, hasta que conoce a Barbara (Scarlett Johansson), la novia perfecta que se lo pone duro.  Claro que el reto no será llevar a Barbara hasta la cama, sino ocultarle su inofensivo pasatiempo manual.

La ventaja con la que parte Joseph Gordon-Levitt es su carisma, aunque diera vida a Hitler seguiría cayendo bien, y el detestable Jon, con sus adicciones, su horrible corte de pelo y su afición por confesarse semanalmente en la iglesia, resultaría insoportable de no estar interpretado por él. A Scarlett Johansson, a la que aún no me decido a amar, también le toca hacer de inaguantable, pero se aleja tanto de la insulsa imagen que tenemos de ella que está francamente divertida. Sin embargo la estrella de la función es otra.

Julianne Moore participa en tantas películas al año que es imposible verlas todas, más por la calidad de algunas que por la cantidad. Pero a diferencia de otras actrices, la Sarah Palin de ficción (Game Change) siempre aporta calidez y profundidad a sus personajes, incluso cuando estos apenas están esbozados en el guión. En Don Jon es Esther, la segunda mujer que irrumpe en la vida del confundido protagonista, que para entonces ha dejado de ser un títere y empieza a comportarse de manera racional. Es la curiosa relación con esta última la que cambia el curso del alargado anuncio de webs porno y lo eleva por encima de la media.

Lo mejor: el monólogo final de Jon.

Lo peor: a ratos me hace sentir tan incómodo como lo estaría saliendo por determinados ambientes.


Alternativas: si buscáis un producto similar, con Julianne Moore en el reparto, Crazy, Stupid, Love.

miércoles, 23 de octubre de 2013

La vida de Adèle, Palma de Oro en Cannes



Imprescindible película sobre el despertar sexual de una adolescente que enamoró al jurado del Festival de Cannes consiguiendo el máximo galardón para su director Abdellatif Kechiche y sus dos actrices Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux.

Imagen:Vertigo Films

Puntuación: 8

Se nota que Ang Lee y Nicole Kidman estaban entre los miembros del jurado del 66º Festival de Cannes, ambos han demostrado una gran sensibilidad a la hora de elegir sus proyectos, lo más chocante es que Steven Spielberg presidiera dicho jurado. Brokeback Mountain y Las horas, con las que Lee y Kidman consiguieron sendos Oscar, son dos de las mejores películas de temática homosexual, por más que me rechine esa clasificación. Sin embargo el cine del que antaño fuera el “Rey Midas de Hollywood” nunca se ha acercado tanto a sus personajes como lo hace Abdellatif Kechiche en sus films. Hoy toca hablar de La vida de Adèle, pero os aconsejo que recuperéis La escurridiza, o cómo esquivar el amor, del director tunecino.

Con esto no quiero hacer una crítica negativa a Spielberg, el único realizador con el que se podía emplear el adjetivo comercial como sinónimo de calidad. Al contrario, el reconocimiento a La vida de Adèle demuestra que aún tiene olfato para las pequeñas grandes producciones que necesitan de un impulso para llegar a un mayor número de salas y traspasar fronteras, sobre todo las que levantan gobiernos como el de Rusia, país donde esta película debería ser de obligado visionado en los centros de educación secundaria.

Al margen de la Palma de Oro, que por primera vez se ha entregado también a dos miembros del reparto, la libre adaptación del cómic El azul es un color cálido, de Julie Maroh, es ante todo cine francés en estado puro del cual me confieso admirador. Un cine en el que los personajes son seguidos de cerca por una inestable cámara que siente y sufre con ellos, con explícitas escenas de sexo –cuya justificación será cuestionada- y con sus insatisfactorios clímax en los que el director abandona a su protagonista cuando más perdido se encuentra.

Los juncos salvajes (André Téchiné, 1994) supuso toda una revelación para mí con apenas trece años, y seguro que La vida de Adèle servirá de desahogo emocional a muchos jóvenes con ciertas inquietudes que se alejan de lo establecido como “normal”. A los que no somos tan jóvenes nos hará retroceder unos años hasta darnos cuenta de que ese adolescente inseguro sigue con nosotros, deseando salir y sorprenderse de nuevo.

Una vez más he vuelto a olvidarme de la sinopsis, lo cual, a poco que me conozcáis, sabréis que es buena señal.

Lo mejor: Adèle Exarchopoulos, qué satisfacción cuando creemos que el actor no está interpretando.

Lo peor: la no resolución de los interesantes conflictos planteados con los compañeros de clase y los padres de Adèle.


Alternativas: Mulholland Drive es siempre una buena alternativa –además de inspiración para ponerle título a un blog- y Adèle le debe mucho al papel que interpretó Naomi Watts en la retorcida obra maestra de David Lynch.

viernes, 18 de octubre de 2013

El quinto poder (The Fith Estate)


En diciembre de 2006 nacía WikiLeaks, una web que revolucionó la era de la información y que hizo que presidentes y líderes políticos miraran hacia Internet. Esta es la historia de sus fundadores, Julian Assange y Daniel Domscheit-Berg.
Imagen:TriPictures
Puntuación: 6,5

En tiempos en los que la corrupción comienza a verse como algo normal y cualquier documento puede ser eliminado en cuestión de segundos, echo en falta más dominios como el que creó Julian Assange (Benedict Cumberbatch, Star Trek: En la oscuridad). En un intento de asegurar el derecho de acceso a la información de todo ciudadano, WikiLeaks brindaba la oportunidad de publicar un documento sin desvelar sus fuentes, ocultando al informador detrás de códigos que sólo un hacker podría descifrar.

De no ser por esta web no habríamos tenido noticia del tiroteo a periodistas en Baghdad por parte de soldados estadounidenses, así como las torturas y asesinatos perpetrados por dicho gobierno durante la Guerra de Irak.  O por lo menos dicha información habría tardado más tiempo en publicarse. Lo interesante de El quinto poder es que no se posiciona claramente a favor de Julian Assange, quien poco a poco se va convirtiendo en una caricatura de sí mismo absorbido por su ego y por la repercusión de su experimento. 

Bill Condon retoma el buen camino por el que iba antes de caer en La saga Crepúsculo (dirigió las dos partes de Amanecer)  y junto con Josh Singer, uno de los guionistas de El ala oeste de la Casa Blanca (lástima que no fuera Aaron Sorkin), adaptan sendos libros WikiLeaks y Assange, escrito por un par de periodistas de The Guardian y Dentro de WikiLeaks, de Daniel Domscheit-Berg. Daniel Brühl (Good bye, Lenin!, Rush) da vida a este último, pieza clave en el desarrollo de la web durante los inicios, y su relación con Julian Assange es la que vertebra el film, que intenta seguir el esquema de La red social punto por punto, sin conseguir profundizar en la complejidad de unos personajes cuyas emociones se pierden entre el jaleo de una producción frenética.

Lo mejor: Benedict Cumberbatch, pocos actores son capaces de sobreactuar con tanta elegancia y fascinación.

Lo peor: paradójicamente le faltan datos, lo cual puede servir de excusa para acudir a los documentales o libros sobre la revolucionaria plataforma, o simplemente buscar en Internet.


Alternativas: las comparaciones con La red social son inevitables, y la primera temporada de Homeland, para hacernos una idea de la clase de atrocidades que se pueden cometer en una guerra y de las que nunca tendremos noticia gracias a aquellos que supuestamente velan por nuestros derechos.