El director y guionista de Love Actually regresa a la comedia
romántica (británica), esta vez con viajes en el tiempo, nada a lo que no esté
acostumbrada Rachel McAdams (Más allá del tiempo, Midnight in Paris).
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| Imagen:Universal Pictures |
Puntuación: 6
A la edad de 21 años, Tim Lake (Domhnall Gleeson, Harry Potter y las reliquias de la muerte) descubre que los hombres
de su familia pueden viajar en el tiempo. Su padre (Bill Nighy, Love Actually)
le da varios consejos al respecto, que no le cuente su secreto a nadie, ni
siquiera a su madre ni a su hermana, que no utilice su poder para ganar dinero
sin trabajar y que siga su ejemplo y emplee el tiempo en leer hasta tres veces
la bibliografía de Charles Dickens. Pero lo que Tim desea es que una chica se
enamore de él, simplemente eso… suerte que no le picó una araña radioactiva.
Tras un par de intentos fallidos,
en los que se da cuenta de que por más que rebobine no puede controlar los
sentimientos ajenos, Tim se marcha a Londres a comenzar su carrera como
abogado, profesión que le cae del cielo. Después de conocer a su tío dramaturgo
(Tom Hollander, Orgullo y prejuicio) con el que comparte piso, y a sus compañeros
de trabajo sacados de la guía de personajes secundarios que todo film inglés
debe tener, Tim se encuentra con Mary (Rachel
McAdams, El diario de Noa), una
insegura joven que acude al mismo restaurante que nuestro héroe. Completamente
a oscuras y atendidos por camareros invidentes, ambos protagonistas se enamoran
en el trascurso de una de las escenas más románticas que recuerdo, y entonces a
Tim le da por retroceder en el tiempo y ayudar a su tío con una representación teatral,
arriesgándose a que dicho momento con Mary sólo suceda en su memoria.
Lo peor es que después de obtener
lo que siempre ha soñado, una novia, ni siquiera dude en alterar el pasado,
siendo consciente del efecto mariposa y demás fenómenos impredecibles que cualquier
viajero temporal tiene en mente. Si bien es cierto Richard Curtis no parece muy versado en el género de ciencia
ficción, y por mucho que bifurque el camino de Tim su destino resulta ser independiente
de los saltos en el eje espacio-tiempo.
Y esto me lleva a un reciente episodio
de Big
Bang en el que Sheldon Cooper enseña una de sus películas favoritas a Amy
Farrah Fowler, En busca del arca perdida.
Al terminar de verla Amy comenta que el final habría sido el mismo sin Indiana
Jones, los nazis habrían descubierto igualmente el arca, la habrían abierto y
ya sabéis el resto. Una cuestión de tiempo (About
Time) comete similar error, agravado quizás por una elección de género en
las antípodas del fantástico, si Tim no hubiera podido volver al pasado tantas
veces como quisiera el film seguiría siendo lo que es, una agradable comedia
romántica con aires de superioridad.
Lo mejor: Tim y Mary enamorándose a ciegas.
Lo peor: Domhnall Gleeson, su falta de carisma es algo que supieron
aprovechar en Black Mirror,
concretamente en el primer episodio de la segunda temporada.
Alternativas: Atrapado en el
tiempo, y ya puestos Regreso al
futuro.

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