En diciembre de 2006 nacía WikiLeaks, una web que revolucionó la
era de la información y que hizo que presidentes y líderes políticos miraran
hacia Internet. Esta es la historia de sus fundadores, Julian Assange y Daniel Domscheit-Berg.
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| Imagen:TriPictures |
Puntuación: 6,5
En tiempos en los que la corrupción comienza a verse como algo normal y cualquier documento puede ser eliminado en cuestión de segundos, echo en falta más dominios como el que creó Julian Assange (Benedict Cumberbatch, Star Trek: En la oscuridad). En un intento de asegurar el derecho de acceso a la información de todo ciudadano, WikiLeaks brindaba la oportunidad de publicar un documento sin desvelar sus fuentes, ocultando al informador detrás de códigos que sólo un hacker podría descifrar.
De no ser por esta web no
habríamos tenido noticia del tiroteo a periodistas en Baghdad por parte de
soldados estadounidenses, así como las torturas y asesinatos perpetrados por
dicho gobierno durante la Guerra de Irak. O por lo menos dicha información habría
tardado más tiempo en publicarse. Lo interesante de El quinto poder es que no
se posiciona claramente a favor de Julian Assange, quien poco a poco se va
convirtiendo en una caricatura de sí mismo absorbido por su ego y por la repercusión
de su experimento.
Bill Condon retoma el buen camino por el que iba antes de caer en La saga Crepúsculo (dirigió las dos
partes de Amanecer) y junto con Josh Singer, uno de los guionistas de El ala oeste de la Casa Blanca (lástima que no fuera Aaron Sorkin),
adaptan sendos libros WikiLeaks y Assange,
escrito por un par de periodistas de The Guardian y Dentro de WikiLeaks, de Daniel Domscheit-Berg. Daniel Brühl (Good bye, Lenin!,
Rush) da vida a este último, pieza
clave en el desarrollo de la web durante los inicios, y su relación con Julian
Assange es la que vertebra el film, que intenta seguir el esquema de La red social punto por punto, sin
conseguir profundizar en la complejidad de unos personajes cuyas emociones se
pierden entre el jaleo de una producción frenética.
Lo mejor: Benedict Cumberbatch, pocos actores son capaces de sobreactuar
con tanta elegancia y fascinación.
Lo peor: paradójicamente le faltan datos, lo cual puede servir de
excusa para acudir a los documentales o libros sobre la revolucionaria plataforma,
o simplemente buscar en Internet.
Alternativas: las comparaciones con La red social son inevitables, y la primera temporada de Homeland, para hacernos una idea de la
clase de atrocidades que se pueden cometer en una guerra y de las que nunca
tendremos noticia gracias a aquellos que supuestamente velan por nuestros
derechos.

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