Imprescindible película sobre el
despertar sexual de una adolescente que enamoró al jurado del Festival de
Cannes consiguiendo el máximo galardón para su director Abdellatif Kechiche y sus dos actrices Adèle Exarchopoulos y Léa
Seydoux.
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| Imagen:Vertigo Films |
Puntuación: 8
Se nota que Ang Lee y Nicole Kidman
estaban entre los miembros del jurado del 66º
Festival de Cannes, ambos han demostrado una gran sensibilidad a la hora de
elegir sus proyectos, lo más chocante es que Steven Spielberg presidiera dicho jurado. Brokeback Mountain y Las
horas, con las que Lee y Kidman consiguieron sendos Oscar, son dos de las
mejores películas de temática homosexual, por más que me rechine esa
clasificación. Sin embargo el cine del que antaño fuera el “Rey Midas de Hollywood”
nunca se ha acercado tanto a sus personajes como lo hace Abdellatif Kechiche en sus films. Hoy toca hablar de La
vida de Adèle, pero os aconsejo que recuperéis La escurridiza, o cómo esquivar el amor, del director tunecino.
Con esto no quiero hacer una
crítica negativa a Spielberg, el único realizador con el que se podía emplear
el adjetivo comercial como sinónimo de calidad. Al contrario, el reconocimiento
a La
vida de Adèle demuestra que aún tiene olfato para las pequeñas grandes
producciones que necesitan de un impulso para llegar a un mayor número de salas
y traspasar fronteras, sobre todo las que levantan gobiernos como el de Rusia,
país donde esta película debería ser de obligado visionado en los centros de
educación secundaria.
Al margen de la Palma de Oro, que
por primera vez se ha entregado también a dos miembros del reparto, la libre
adaptación del cómic El azul es un color cálido, de Julie Maroh, es ante todo cine francés
en estado puro del cual me confieso admirador. Un cine en el que los personajes
son seguidos de cerca por una inestable cámara que siente y sufre con ellos, con
explícitas escenas de sexo –cuya justificación será cuestionada- y con sus
insatisfactorios clímax en los que el director abandona a su protagonista
cuando más perdido se encuentra.
Los juncos salvajes (André Téchiné, 1994) supuso toda una
revelación para mí con apenas trece años, y seguro que La vida de Adèle servirá de desahogo emocional a muchos jóvenes con
ciertas inquietudes que se alejan de lo establecido como “normal”. A los que
no somos tan jóvenes nos hará retroceder unos años hasta darnos cuenta
de que ese adolescente inseguro sigue con nosotros, deseando salir y
sorprenderse de nuevo.
Una vez más he vuelto a
olvidarme de la sinopsis, lo cual, a poco que me conozcáis, sabréis que es buena
señal.
Lo mejor: Adèle Exarchopoulos, qué satisfacción cuando creemos que
el actor no está interpretando.
Lo peor: la no resolución de los interesantes conflictos planteados
con los compañeros de clase y los padres de Adèle.
Alternativas: Mulholland
Drive es siempre una buena alternativa –además de inspiración para ponerle
título a un blog- y Adèle le debe mucho al papel que interpretó Naomi Watts en
la retorcida obra maestra de David Lynch.

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