miércoles, 4 de diciembre de 2013

La gran belleza, la candidata italiana a los Oscars



Paolo Sorrentino (Il divo, Un lugar donde quedarse) dirige uno de los títulos favoritos del año en la categoría de habla no inglesa.

Imagen:Wanda Films
Puntuación: 10

Cuando supe que La caza sería la película que representase a Dinamarca en la próxima edición de los Oscar pensé que un año más el cine europeo iba a darle una lección al estadounidense (El discurso del rey, The Artist, Amor). Después de ver La vida de Adèle y ahora La gran belleza –y a la espera de 12 años de esclavitud- no me cabe la menor duda de que así sucederá. A excepción de Gravity pocas han sido las sorpresas que nos han llegado este 2013 desde la fábrica de los sueños, y todo parece indicar que habrá que mirar hacia las pequeñas producciones de nuevo.

Me resulta muy difícil escribir sobre el último film de Paolo Sorrentino, así que lo diré sin rodeos: La gran belleza es la mejor película del año, cualquier otra cosa que oigáis o leáis sobre ella no hará justicia a este homenaje a Roma, a Fellini y a una de las cinematografías más valiosas del séptimo arte. Arriesgada y hermosa como su compatriota Yo soy el amor (Luca Guadagnino, 2009), la inclasificable obra maestra de Sorrentino elige a un adinerado y nostálgico escritor para hablarnos sobre la vida, como tantos films italianos. 

Jep Gambardella (magnífico Toni Servillo) escribió un único libro en su juventud, la historia de un primer amor, que le aseguró un futuro como periodista y el eterno reconocimiento de sus amigos. Tal debió ser el éxito de su novela que vive en un lujoso apartamento con vistas al Coliseo y organiza ruidosas fiestas en las que se dan cita los personajes más grotescos y sibaritas de la alta sociedad romana. A sus 65 años, Jep no puede más que sentir lástima por ellos y por él mismo, que permanece anclado en un pasado que busca en bailarinas de striptease y en una ciudad tan mágica como decadente.

Cada una de las secuencias que componen La gran belleza está cuidadosamente elaborada, como si se trataran de los movimientos de una composición musical. Por separado son sublimes, pero es al escuchar la sinfonía completa cuando el espectador experimenta la catarsis. Si después de ver a un turista desvaneciéndose al contemplar una vista sobre la colina Janículo –en el inicio del film- no sientes nada, te esperan dos horas y media muy largas. Y si no te levantas de la butaca durante los créditos finales será porque compartes la opinión de un servidor… Asombrosa.

Lo mejor: el sugestivo montaje galardonado en los Premios del Cine Europeo y la banda sonora, en la que sobresale la pieza de Vladimir Martynov interpretada por Kronos Quartet, The Beatitudes.

Lo peor: pensar en uno de sus referentes literarios, El gran Gatsby, y recordar la horrible adaptación de Baz Luhrmann.


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