Paolo Sorrentino (Il divo,
Un lugar donde quedarse) dirige uno
de los títulos favoritos del año en la categoría de habla no inglesa.
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| Imagen:Wanda Films |
Puntuación: 10
Cuando supe que La
caza sería la película que representase a Dinamarca en la próxima
edición de los Oscar pensé que un año más el cine europeo iba a darle una
lección al estadounidense (El discurso
del rey, The Artist, Amor). Después de ver La vida de Adèle y ahora La
gran belleza –y a la espera de 12
años de esclavitud- no me cabe la menor duda de que así sucederá. A excepción
de Gravity pocas han sido las
sorpresas que nos han llegado este 2013 desde la fábrica de los sueños, y todo
parece indicar que habrá que mirar hacia las pequeñas producciones de nuevo.
Me resulta muy difícil escribir
sobre el último film de Paolo Sorrentino,
así que lo diré sin rodeos: La gran belleza es la mejor película
del año, cualquier otra cosa que oigáis o leáis sobre ella no hará justicia a
este homenaje a Roma, a Fellini y a una de las cinematografías más valiosas del
séptimo arte. Arriesgada y hermosa como su compatriota Yo soy el amor (Luca
Guadagnino, 2009), la inclasificable obra maestra de Sorrentino elige a un
adinerado y nostálgico escritor para hablarnos sobre la vida, como tantos films
italianos.
Jep Gambardella (magnífico Toni Servillo) escribió un único libro
en su juventud, la historia de un primer amor, que le aseguró un futuro como
periodista y el eterno reconocimiento de sus amigos. Tal debió ser el éxito de
su novela que vive en un lujoso apartamento con vistas al Coliseo y organiza
ruidosas fiestas en las que se dan cita los personajes más grotescos y
sibaritas de la alta sociedad romana. A sus 65 años, Jep no puede más que
sentir lástima por ellos y por él mismo, que permanece anclado en un pasado que
busca en bailarinas de striptease y en una ciudad tan mágica como decadente.
Cada una de las secuencias que
componen La gran belleza está cuidadosamente elaborada, como si se
trataran de los movimientos de una composición musical. Por separado son sublimes, pero es al escuchar la sinfonía completa cuando el
espectador experimenta la catarsis. Si después de ver a un turista desvaneciéndose
al contemplar una vista sobre la colina Janículo –en el inicio del film- no
sientes nada, te esperan dos horas y media muy largas. Y si no te levantas de
la butaca durante los créditos finales será porque compartes la opinión de un
servidor… Asombrosa.
Lo mejor: el sugestivo montaje galardonado en los Premios del Cine
Europeo y la banda sonora, en la que sobresale la pieza de Vladimir Martynov
interpretada por Kronos Quartet, The Beatitudes.
Lo peor: pensar en uno de sus referentes literarios, El gran Gatsby, y recordar la horrible
adaptación de Baz Luhrmann.

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