domingo, 8 de diciembre de 2013

Naomi Watts es Diana



La actriz dos veces nominada al Oscar (21 gramos, Lo imposible) no pudo resistirse a dar vida a la desaparecida Lady Di, aún sin haberse el guión… prefiero pensar que fue así.

Imagen: eOne Films

Puntuación: 2

Querida Naomi Watts, inolvidable protagonista de Mulholland Drive, me gustaría saber por qué aceptaste el papel de la princesa de Gales en esta producción sobre los últimos años de su vida.  Quiero pensar que en un amago de meterte en el personaje hiciste como la propia Diana cuando concedió una entrevista a la BBC y confesó sus secretos de alcoba a toda la población, arrojándose ella misma a los paparazzi que acabaron con su vida, tal y como se nos cuenta en el film.

Quizás pensaste que podría tratarse de una nueva The Queen, pero ni Peter Morgan firmaba el libreto ni Stephen Frears se encargaba de la puesta en escena, y te faltan unos cuantos años de experiencia para alcanzar a Helen Mirren. La vida de la polémica princesa habría dado para una serie, pero en lugar de eso nos encontramos con un aburrido telefilm que hace aguas en sus intentos por acercarse a la mujer oculta bajo el casco.

O tal vez te sentiste atraída por la inestable personalidad de Diana, o por sus obras caritativas en contra de las minas antipersona. Una vez más te equivocaste de película, y mientras que Mi semana con Marilyn nos sorprendió gratamente con su retrato de la vulnerable actriz, Diana se limita a mostrarnos a una infeliz que se aburre en su palacio y decide salir a visitar hospitales y enamorarse de un cirujano con el rostro del Sayid de Perdidos (Naveen Andrews).

No obstante tu reprimida interpretación no es lo peor del film de Oliver Hirschbiegel (El hundimiento), director en el que pocos deberían confiar después del fracaso comercial que supuso Invasión. Si con aquel título de ciencia ficción pretendía emular al clásico La invasión de los ladrones de cuerpos y con Diana reavivar la memoria de Lady Di, lo único que consigue es que salgamos frustrados del cine.

Lo mejor: esos primeros planos en el hotel, imitando descaradamente a David Lynch. ¿Sentido? Ninguno.

Lo peor: espero que el estreno de Grace of Monaco no se retrasara por sus similitudes con Diana.

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