jueves, 14 de noviembre de 2013

La huída, con Eric Bana y Olivia Wilde



El director ganador del Oscar por Los falsificadores (Stefan Ruzowitzky, 2007) intenta con este thriller acercarse a los hermanos Coen de Fargo o al Sam Raimi de Un plan sencillo… sólo lo intenta.

Imagen: DeAPlaneta

Puntuación: 4

La huída comienza con un accidente de coche en algún lugar cerca de la frontera entre Estados Unidos y Canadá. Los hermanos Addison (Eric Bana, Star Trek) y Liza (Olivia Wilde, TRON: Legacy) sobreviven al siniestro y como vienen de atracar un casino ambos huyen con el botín adentrándose en el bosque y tomando caminos diferentes. Mientras Addison decide matar a todo el que se encuentra, ya sea un policía o un leñador, Liza seduce a un ex-boxeador recién salido de la cárcel para que la lleve hasta la frontera.

Por otro lado está Jay (Charlie Hunnam, Pacific Rim), que después de cumplir condena por algún asunto turbio en el que se vio involucrado gracias a su entrenador, visita a este último para pedirle el dinero que le debe. La visita acaba con el entrenador inconsciente en el suelo y Jay a la fuga, volviendo a casa de sus padres por acción de gracias y recogiendo de paso a una aparentemente indefensa mujer que no es otra que Liza.

También tenemos a Hanna (Kate Mara, 127 horas), protagonista de la tercera trama del breve film -hora y media de las antiguas- que da vida a la agente de policía que sigue el rastro de Addison y que a su vez es una antigua amiga de Jay. Demasiadas coincidencias para unos personajes tan poco atractivos y que despiertan escasas simpatías.

Con un par de ridículas escenas de sexo entre Charlie Hunnam y Olivia Wilde que no pondrán cachondo ni al más necesitado, un desarrollo sin sobresaltos –algo imperdonable en un thriller de fugitivos- y una bochornosa secuencia final que no logran salvar ni los veteranos Kris Kristofferson (Blade) y Sissy Spacek (la Carrie original), La huída sólo puede ofrecer una vuelta de tuerca a las películas de acción de gracias, día que no significa nada fuera de Norteamérica.

Lo mejor: la morbosa relación entre los hermanos.

Lo peor: qué desperdicio de actores.


Alternativas: Fargo, la obra maestra de los Coen.

viernes, 25 de octubre de 2013

Don Jon, de Joseph Gordon-Levitt



Primer largometraje del protagonista de (500) días juntos, que se dirige a sí mismo junto a Scarlett Johansson y Julianne Moore en este comedia sobre un adicto al porno.

Imagen:Wanda Films
 Puntuación: 7

Al lado de Shame (Steve McQueen, 2011) este Don Jon parece una película de Disney, pero como no todos tuvieron valor para ver el duro film protagonizado por Michael Fassbender y el recuerdo de Boogie Nights (Paul Thomas Anderson, 1997) es difuso, Joseph Gordon-Levitt –el Robin que no veremos en acción- escribe, dirige y protagoniza una amable comedia sobre un macarra que prefiere ver videos porno a tener una relación de verdad.

Jon (Gordon-Levitt) es el típico tío que según entra en la discoteca activa el radar y da caza a la tía más buena. Así de básico es el comienzo de Don Jon, cuyo lenguaje visual y verbal dista mucho de los grandes títulos antes mencionados. Jon nunca pasa de la primera noche con una mujer, hasta que conoce a Barbara (Scarlett Johansson), la novia perfecta que se lo pone duro.  Claro que el reto no será llevar a Barbara hasta la cama, sino ocultarle su inofensivo pasatiempo manual.

La ventaja con la que parte Joseph Gordon-Levitt es su carisma, aunque diera vida a Hitler seguiría cayendo bien, y el detestable Jon, con sus adicciones, su horrible corte de pelo y su afición por confesarse semanalmente en la iglesia, resultaría insoportable de no estar interpretado por él. A Scarlett Johansson, a la que aún no me decido a amar, también le toca hacer de inaguantable, pero se aleja tanto de la insulsa imagen que tenemos de ella que está francamente divertida. Sin embargo la estrella de la función es otra.

Julianne Moore participa en tantas películas al año que es imposible verlas todas, más por la calidad de algunas que por la cantidad. Pero a diferencia de otras actrices, la Sarah Palin de ficción (Game Change) siempre aporta calidez y profundidad a sus personajes, incluso cuando estos apenas están esbozados en el guión. En Don Jon es Esther, la segunda mujer que irrumpe en la vida del confundido protagonista, que para entonces ha dejado de ser un títere y empieza a comportarse de manera racional. Es la curiosa relación con esta última la que cambia el curso del alargado anuncio de webs porno y lo eleva por encima de la media.

Lo mejor: el monólogo final de Jon.

Lo peor: a ratos me hace sentir tan incómodo como lo estaría saliendo por determinados ambientes.


Alternativas: si buscáis un producto similar, con Julianne Moore en el reparto, Crazy, Stupid, Love.

miércoles, 23 de octubre de 2013

La vida de Adèle, Palma de Oro en Cannes



Imprescindible película sobre el despertar sexual de una adolescente que enamoró al jurado del Festival de Cannes consiguiendo el máximo galardón para su director Abdellatif Kechiche y sus dos actrices Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux.

Imagen:Vertigo Films

Puntuación: 8

Se nota que Ang Lee y Nicole Kidman estaban entre los miembros del jurado del 66º Festival de Cannes, ambos han demostrado una gran sensibilidad a la hora de elegir sus proyectos, lo más chocante es que Steven Spielberg presidiera dicho jurado. Brokeback Mountain y Las horas, con las que Lee y Kidman consiguieron sendos Oscar, son dos de las mejores películas de temática homosexual, por más que me rechine esa clasificación. Sin embargo el cine del que antaño fuera el “Rey Midas de Hollywood” nunca se ha acercado tanto a sus personajes como lo hace Abdellatif Kechiche en sus films. Hoy toca hablar de La vida de Adèle, pero os aconsejo que recuperéis La escurridiza, o cómo esquivar el amor, del director tunecino.

Con esto no quiero hacer una crítica negativa a Spielberg, el único realizador con el que se podía emplear el adjetivo comercial como sinónimo de calidad. Al contrario, el reconocimiento a La vida de Adèle demuestra que aún tiene olfato para las pequeñas grandes producciones que necesitan de un impulso para llegar a un mayor número de salas y traspasar fronteras, sobre todo las que levantan gobiernos como el de Rusia, país donde esta película debería ser de obligado visionado en los centros de educación secundaria.

Al margen de la Palma de Oro, que por primera vez se ha entregado también a dos miembros del reparto, la libre adaptación del cómic El azul es un color cálido, de Julie Maroh, es ante todo cine francés en estado puro del cual me confieso admirador. Un cine en el que los personajes son seguidos de cerca por una inestable cámara que siente y sufre con ellos, con explícitas escenas de sexo –cuya justificación será cuestionada- y con sus insatisfactorios clímax en los que el director abandona a su protagonista cuando más perdido se encuentra.

Los juncos salvajes (André Téchiné, 1994) supuso toda una revelación para mí con apenas trece años, y seguro que La vida de Adèle servirá de desahogo emocional a muchos jóvenes con ciertas inquietudes que se alejan de lo establecido como “normal”. A los que no somos tan jóvenes nos hará retroceder unos años hasta darnos cuenta de que ese adolescente inseguro sigue con nosotros, deseando salir y sorprenderse de nuevo.

Una vez más he vuelto a olvidarme de la sinopsis, lo cual, a poco que me conozcáis, sabréis que es buena señal.

Lo mejor: Adèle Exarchopoulos, qué satisfacción cuando creemos que el actor no está interpretando.

Lo peor: la no resolución de los interesantes conflictos planteados con los compañeros de clase y los padres de Adèle.


Alternativas: Mulholland Drive es siempre una buena alternativa –además de inspiración para ponerle título a un blog- y Adèle le debe mucho al papel que interpretó Naomi Watts en la retorcida obra maestra de David Lynch.