viernes, 18 de octubre de 2013

El quinto poder (The Fith Estate)


En diciembre de 2006 nacía WikiLeaks, una web que revolucionó la era de la información y que hizo que presidentes y líderes políticos miraran hacia Internet. Esta es la historia de sus fundadores, Julian Assange y Daniel Domscheit-Berg.
Imagen:TriPictures
Puntuación: 6,5

En tiempos en los que la corrupción comienza a verse como algo normal y cualquier documento puede ser eliminado en cuestión de segundos, echo en falta más dominios como el que creó Julian Assange (Benedict Cumberbatch, Star Trek: En la oscuridad). En un intento de asegurar el derecho de acceso a la información de todo ciudadano, WikiLeaks brindaba la oportunidad de publicar un documento sin desvelar sus fuentes, ocultando al informador detrás de códigos que sólo un hacker podría descifrar.

De no ser por esta web no habríamos tenido noticia del tiroteo a periodistas en Baghdad por parte de soldados estadounidenses, así como las torturas y asesinatos perpetrados por dicho gobierno durante la Guerra de Irak.  O por lo menos dicha información habría tardado más tiempo en publicarse. Lo interesante de El quinto poder es que no se posiciona claramente a favor de Julian Assange, quien poco a poco se va convirtiendo en una caricatura de sí mismo absorbido por su ego y por la repercusión de su experimento. 

Bill Condon retoma el buen camino por el que iba antes de caer en La saga Crepúsculo (dirigió las dos partes de Amanecer)  y junto con Josh Singer, uno de los guionistas de El ala oeste de la Casa Blanca (lástima que no fuera Aaron Sorkin), adaptan sendos libros WikiLeaks y Assange, escrito por un par de periodistas de The Guardian y Dentro de WikiLeaks, de Daniel Domscheit-Berg. Daniel Brühl (Good bye, Lenin!, Rush) da vida a este último, pieza clave en el desarrollo de la web durante los inicios, y su relación con Julian Assange es la que vertebra el film, que intenta seguir el esquema de La red social punto por punto, sin conseguir profundizar en la complejidad de unos personajes cuyas emociones se pierden entre el jaleo de una producción frenética.

Lo mejor: Benedict Cumberbatch, pocos actores son capaces de sobreactuar con tanta elegancia y fascinación.

Lo peor: paradójicamente le faltan datos, lo cual puede servir de excusa para acudir a los documentales o libros sobre la revolucionaria plataforma, o simplemente buscar en Internet.


Alternativas: las comparaciones con La red social son inevitables, y la primera temporada de Homeland, para hacernos una idea de la clase de atrocidades que se pueden cometer en una guerra y de las que nunca tendremos noticia gracias a aquellos que supuestamente velan por nuestros derechos.

jueves, 17 de octubre de 2013

Una cuestión de tiempo, de Richard Curtis



El director y guionista de Love Actually regresa a la comedia romántica (británica), esta vez con viajes en el tiempo, nada a lo que no esté acostumbrada Rachel McAdams (Más allá del tiempo, Midnight in Paris).

Imagen:Universal Pictures

Puntuación: 6

A la edad de 21 años, Tim Lake (Domhnall Gleeson, Harry Potter y las reliquias de la muerte) descubre que los hombres de su familia pueden viajar en el tiempo. Su padre (Bill Nighy, Love Actually) le da varios consejos al respecto, que no le cuente su secreto a nadie, ni siquiera a su madre ni a su hermana, que no utilice su poder para ganar dinero sin trabajar y que siga su ejemplo y emplee el tiempo en leer hasta tres veces la bibliografía de Charles Dickens. Pero lo que Tim desea es que una chica se enamore de él, simplemente eso… suerte que no le picó una araña radioactiva.

Tras un par de intentos fallidos, en los que se da cuenta de que por más que rebobine no puede controlar los sentimientos ajenos, Tim se marcha a Londres a comenzar su carrera como abogado, profesión que le cae del cielo. Después de conocer a su tío dramaturgo (Tom Hollander, Orgullo y prejuicio) con el que comparte piso, y a sus compañeros de trabajo sacados de la guía de personajes secundarios que todo film inglés debe tener, Tim se encuentra con Mary (Rachel McAdams, El diario de Noa), una insegura joven que acude al mismo restaurante que nuestro héroe. Completamente a oscuras y atendidos por camareros invidentes, ambos protagonistas se enamoran en el trascurso de una de las escenas más románticas que recuerdo, y entonces a Tim le da por retroceder en el tiempo y ayudar a su tío con una representación teatral, arriesgándose a que dicho momento con Mary sólo suceda en su memoria.

Lo peor es que después de obtener lo que siempre ha soñado, una novia, ni siquiera dude en alterar el pasado, siendo consciente del efecto mariposa y demás fenómenos impredecibles que cualquier viajero temporal tiene en mente. Si bien es cierto Richard Curtis no parece muy versado en el género de ciencia ficción, y por mucho que bifurque el camino de Tim su destino resulta ser independiente de los saltos en el eje espacio-tiempo.

Y esto me lleva a un reciente episodio de Big Bang en el que Sheldon Cooper enseña una de sus películas favoritas a Amy Farrah Fowler, En busca del arca perdida. Al terminar de verla Amy comenta que el final habría sido el mismo sin Indiana Jones, los nazis habrían descubierto igualmente el arca, la habrían abierto y ya sabéis el resto. Una cuestión de tiempo (About Time) comete similar error, agravado quizás por una elección de género en las antípodas del fantástico, si Tim no hubiera podido volver al pasado tantas veces como quisiera el film seguiría siendo lo que es, una agradable comedia romántica con aires de superioridad.

Lo mejor: Tim y Mary enamorándose a ciegas.

Lo peor: Domhnall Gleeson, su falta de carisma es algo que supieron aprovechar en Black Mirror, concretamente en el primer episodio de la segunda temporada.

 
Alternativas: Atrapado en el tiempo, y ya puestos Regreso al futuro.

jueves, 10 de octubre de 2013

El Mayordomo (The Butler)



Forest Whitaker y Oprah Winfrey encabezan el extenso reparto del ambicioso film de Lee Daniels, director de la sobrevalorada Precious y de la infravalorada El chico del periódico.

Imagen:eOne Films
Puntuación: 5

Si por algo se caracteriza la breve filmografía de Lee Daniels es por su poca sutileza a la hora de abordar temas tan delicados como el incesto, el maltrato infantil, la homofobia o la pena de muerte. Esta cualidad puede dar como resultado escenas tan potentes como las que protagonizaban Gabourey Sidibe y Mo’Nique en Precious o el primer encuentro entre Nicole Kidman y John Cusack en El chico del periódico, pero también supone el talón de Aquiles de un cineasta incapaz de rematar sus relatos de forma coherente.

En El mayordomo intenta emular al Robert Zemeckis de Forrest Gump, haciendo un recorrido por la reciente historia de los Estados Unidos de la mano de Cecil Gaines (Forest Whitaker), mayordomo que sirvió en la Casa Blanca de 1952 a 1986. La voz del ganador del Oscar por El último rey de Escocia narra cada uno de los acontecimientos que vemos en pantalla, como si el propio Lee Daniels no confiara en sus imágenes, e incluso nos dice qué debemos sentir, que es lástima básicamente. Y como Oprah Winfrey aceptó el papel de la mujer del mayordomo intuimos que la película hablará sobre el racismo y los derechos de los afroamericanos, pues ese parece ser el requisito para que la presentadora se involucre en un proyecto cinematográfico.

Efectivamente todo lo relativo a los movimientos civiles de los años 50 y 60 es necesario y se nos muestra de forma directa y dolorosa, no como en la última temporada de Mad Men que ocurría siempre en off o era presenciado por los personajes a través del televisor, quizás por falta de presupuesto. Es cuando la cámara entra en el hogar de los Gaines cuando El mayordomo se convierte en un esquemático y reiterativo melodrama mil veces visto que sólo se sustenta por unos actores que ya se ven en todas las galas de premios.

Que si una madre alcohólica, que si un hijo rebelde, que si el asesinato de Kennedy, que si Nixon es patético, que si Mariah Carey y Lenny Kravitz saben actuar… Resumiendo, no creo que consiga el número uno de la taquilla española durante tres semanas consecutivas como sucedió en el país de Obama, pero servirá de catarsis a algún espectador con ganas de llorar a gusto.

Lo mejor: el altercado en la cafetería y el asalto al autobús de la libertad.

Lo peor: Oprah Winfrey, desde su personaje hasta su nada coherente caracterización.



Alternativas: Hairspray (Adam Shankman, 2007), el humor y la música son las mejores armas para hacer frente a aquellos que coartan nuestra libertad.