El director de la magistral Distrito 9, Neill Blomkamp, pretende conquistar la taquilla y por consiguiente
a Hollywood con esta odisea futurista en absoluto visionaria.
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| Imagen: Sony |
Puntuación: 5
Distrito 9, además de ser una de las pocas películas de ciencia
ficción nominadas al Oscar (antes que ella sólo lo habían logrado La guerra de las galaxias y E.T., el extraterrestre), recuperó el
espíritu de cierto tipo de cine que nos advierte de las terribles consecuencias
que tendrán nuestros actos en un futuro más o menos próximo. El planeta de los simios, Blade Runner o Matrix son buenos ejemplos de lo que puede ofrecer este género tan apreciado
por el público como infravalorado por los gremios de la industria
cinematográfica.
Con un presupuesto irrisorio, un
protagonista desconocido (Sharlto Copley,
que en Elysium toma el papel de
villano) y una fotografía que la emparentaba con los ‘docu-reality’ televisivos,
el sudafricano Neill Blomkamp nos
aleccionaba sobre el complejo de superioridad del hombre y su miedo a aquel que
viene de fuera, en este caso unos pacíficos extraterrestres que acaban encerrados
en campos de concentración o despedazados en el mercado negro.
A estas alturas estaréis preguntándoos
qué me ha parecido Elysium, y muchos habréis deducido que me he llevado una gran
decepción, de lo contrario no estaría hablando de Distrito 9 por muy fan que sea de la opera prima de Blomkamp. La
trama de Elysium prometía bastante,
como vimos en el impactante tráiler, una tierra devastada, el cuerpo de Matt Damon fusionado con un armazón
metálico (¿algún admirador de Tetsuo en
la sala?) y una estación espacial sacada de Un
mundo feliz de Aldous Huxley.
Dicha estación se llama Elysium,
a ella sólo han tenido acceso los pudientes y al mando de su seguridad está la
Secretaria de Defensa Delacourt, interpretada por una rígida Jodie Foster a la que no he vuelto a
amar desde los tiempos de Contact. Su
ley antiinmigración es prácticamente la misma que aplican hoy en día la mayoría
de países, quizás un poco más agresiva pero tiempo al tiempo.
Todos en la tierra desean llegar
a Elysium, más que nada porque allí tienen una especie de cama de rayos UVA que
te deja como nuevo, ya tengas leucemia o una pierna rota te tumbas y un escáner
se encarga de sanarte. Que cómo han llegado a dicho avance, pues no tengo ni
idea, pero es que sin esas milagrosas camas no habría película porque son la
única esperanza de vida de nuestro héroe, un musculoso Matt Damon que trabaja explotado en una fábrica de robots donde
sufre un previsible accidente.
Y esa es la principal diferencia
con Distrito 9, mientras aquel film
te sorprendía constantemente Elysium
se conforma con repetir el mismo esquema que hemos visto cientos de veces,
salpicado con secuencias de acción tan espectaculares como disparatadas,
mención especial para la lucha final con catana y cerezos en flor incluidos, y
con una historia de amor tan pobre como manipuladora, que recurre a una hija
enferma para buscar la lágrima de malas maneras.
Lo mejor: el diseño de los robots, aunque se les podría haber
sacado más partido.
Lo peor: los flashbacks de los niños y la monja.
Alternativas: en cartelera tenéis dos, para los que buscan acción Lobezno inmortal y para los que quieran
ciencia ficción Star Trek: En la
oscuridad.

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