Remake del clásico de cine de
terror de Sam
Raimi (Spider-Man) que pierde su
sentido del humor “cartoon” en favor de un impecable y terrorífico diseño de
producción.
En 1981 se estrenaba Posesión
infernal, film de culto que se exhibió en el festival de Sitges y que,
tras haber pasado por las estanterías de los videoclubs, no salió a la venta en
nuestro país hasta la creación del DVD. La historia de cinco jóvenes que son
poseídos por un espíritu demoniaco en una vieja cabaña me aterrorizó de
pequeño, el viejo sótano donde encontraban el Necronomicón –encuadernado en piel
humana-, la violación en el bosque y unos efectos especiales que vistos ahora
despiertan más carcajadas que chillidos, ocupan un lugar privilegiado en mi
particular museo de los horrores. Con el paso del tiempo, y después de varios
visionados, comprendí que no se trataba solamente de una película de terror, tenía
grandes dosis de comedia que la convertían en el film ideal para ver en compañía
de amigos, lástima que en España sólo se reestrenara una vez en cine.
Esta nueva Posesión infernal no
defraudará a los seguidores de aquel título, contiene los mismos ingredientes
salvo que en distinto orden y con las diferencias necesarias para disfrutarla
evitando constantes comparaciones. En esta ocasión el motivo de pasar un fin de
semana en el campo es ayudar a una de las chicas, Mia (Jane Levy), a que supere su adicción a las drogas. Para ello cuenta
con el apoyo de su hermano David (Shiloh
Fernandez) y otros tres amigos cuyo destino es de sobra conocido por los espectadores. El interés recae en el vía crucis que el debutante Fede Alvarez y la guionista Diablo
Cody (Juno, Jennifer’s body) han ideado para hacer sufrir a sus insulsos personajes.
A pesar de las risas nerviosas de
algún friki despistado, he de decir que este remake ha perdido parte del humor
que caracterizaba al original, y eso se debe a que las brutales muertes son tan
reales que a más de uno le sentarán mal las palomitas. Lo que los protagonistas
despiertan al leer las palabras del famoso “Libro de los Muertos” también
difiere de la primera Posesión infernal,
asegurando al fan un inesperado último tercio tan exagerado como placentero que
aún se guarda una pequeña sorpresa para los créditos finales.
Lo mejor: la acción y el derramamiento de litros de sangre no
cesan en ningún momento.
Lo peor: sus infidelidades a una de las cumbres del cine gore.

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