La adaptación de la novela
generacional de Jack Kerouac llega
con bastante retraso a nuestras pantallas pero con los suficientes reclamos
como para que la espera haya merecido la pena.
Puntuación: 7,5
Los personajes de On the road son álter egos de famosos
poetas y vividores que tuvieron su momento de gloria durante los años 50,
aunque el viaje que emprende Sal Paradise, pseudónimo de Kerouac, tiene lugar
entre 1947 y 1950. Paradise (Sam Riley,
Control) es un escritor eclipsado por
el talento del poeta Carlo Marx (Tom Sturridge)
e iluminado por el irresistible Dean Moriarty (Garrett Hedlund, TRON: Legacy),
amante del jazz, las drogas y demás placeres carnales. Ambos amigos son en
realidad Allen Ginsberg, autor de Howl (Aullido), y Neal Cassady, todo un icono en la época que inmortalizó Kerouac en
varias de sus novelas: “Con la aparición de Dean Moriarty comenzó la parte de
mi vida que podría llamarse mi vida en la carretera. Un demente, un ángel, un
pordiosero.”
Estas tres almas perdidas en un
Nueva York que se les queda pequeño, recorren Estados Unidos y México con
intereses similares y resultados bien distintos. Lo que para Paradise son experiencias
de las que toma nota en sus cuadernos, para Moriarty es simplemente una
filosofía de vida con una máxima, ser libre. Walter Salles (Diarios de
motocicleta), que anda un poco perdido desde que dirigiera el remake de Dark water, se mantiene fiel a la trama original
y por momentos logra transmitir su espíritu romántico y decadente. Para ello se
sirve de una fotografía que toma como referentes a artistas de la talla de Edward Hopper o a los hiperrealistas John Baeder y Robert Gniewek, o lo que es lo mismo, retrata la soledad en un país
con millones de habitantes.
Oiréis lo de siempre, que el
libro es mejor que la película, sin embargo si al igual que el protagonista os sentís
atraídos por los locos, aquí tenéis a uno de esos personajes que justifican el
precio de la entrada. Dean Moriarty ya era arrollador antes de que Garrett Hedlund se metiera en su piel,
pero es que el actor que debutó en Troya
personifica el vértigo, la rabia y la tristeza que habitaban en ese famoso
rollo de papel en el que Kerouac escribió su influyente diario de viaje.
Y no se me olvida Kristen Stewart, de ella diré que esta
vez no sólo parece una yonqui sino que lo es.

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