viernes, 19 de abril de 2013

On the road (En la carretera)

La adaptación de la novela generacional de Jack Kerouac llega con bastante retraso a nuestras pantallas pero con los suficientes reclamos como para que la espera haya merecido la pena.


Puntuación: 7,5

Para aquellos que no lo sepan En el camino, título español de On the road –no confundir con la desoladora La carretera de Cormac McCarthy-, encabeza las listas de los mejores libros del siglo XX y es la obra más representativa de la “Generación Beat”, grupo de escritores estadounidenses que hacían apología del consumo de drogas y de una liberación sexual de la que posteriormente se apropiarían los hippies.

Los personajes de On the road son álter egos de famosos poetas y vividores que tuvieron su momento de gloria durante los años 50, aunque el viaje que emprende Sal Paradise, pseudónimo de Kerouac, tiene lugar entre 1947 y 1950. Paradise (Sam Riley, Control) es un escritor eclipsado por el talento del poeta Carlo Marx (Tom Sturridge) e iluminado por el irresistible Dean Moriarty (Garrett Hedlund, TRON: Legacy), amante del jazz, las drogas y demás placeres carnales. Ambos amigos son en realidad Allen Ginsberg, autor de Howl (Aullido), y Neal Cassady, todo un icono en la época que inmortalizó Kerouac en varias de sus novelas: “Con la aparición de Dean Moriarty comenzó la parte de mi vida que podría llamarse mi vida en la carretera. Un demente, un ángel, un pordiosero.”

Estas tres almas perdidas en un Nueva York que se les queda pequeño, recorren Estados Unidos y México con intereses similares y resultados bien distintos. Lo que para Paradise son experiencias de las que toma nota en sus cuadernos, para Moriarty es simplemente una filosofía de vida con una máxima, ser libre. Walter Salles (Diarios de motocicleta), que anda un poco perdido desde que dirigiera el remake de Dark water, se mantiene fiel a la trama original y por momentos logra transmitir su espíritu romántico y decadente. Para ello se sirve de una fotografía que toma como referentes a artistas de la talla de Edward Hopper o a los hiperrealistas John Baeder y Robert Gniewek, o lo que es lo mismo, retrata la soledad en un país con millones de habitantes.

Oiréis lo de siempre, que el libro es mejor que la película, sin embargo si al igual que el protagonista os sentís atraídos por los locos, aquí tenéis a uno de esos personajes que justifican el precio de la entrada. Dean Moriarty ya era arrollador antes de que Garrett Hedlund se metiera en su piel, pero es que el actor que debutó en Troya personifica el vértigo, la rabia y la tristeza que habitaban en ese famoso rollo de papel en el que Kerouac escribió su influyente diario de viaje.

Y no se me olvida Kristen Stewart, de ella diré que esta vez no sólo parece una yonqui sino que lo es.


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