jueves, 25 de abril de 2013

Ayer no termina nunca, de Isabel Coixet



Candela Peña prosigue con su discurso de los Goya en este drama de la directora de Mi vida sin mí, a la que parece haberle afectado la crisis tanto como a su pareja protagonista.


Puntuación: 3

La “gota china” era un método de tortura que consistía en dejar caer una gota de agua cada cinco segundos sobre la frente del condenado. Pues bien, Ayer no termina nunca es lo más parecido en cine a esa antigua práctica.

Después de la tediosa e inverosímil Mapa de los sonidos de Tokio, y de un par de documentales sobre Garzón y el Prestige, Isabel Coixet dice basarse libremente en la obra teatral Gif (que en España se tituló Antes te gustaba la lluvia) en su nuevo trabajo como directora, guionista y productora. Ayer no termina nunca transcurre en el año 2017, sólo dos años antes de que Harrison Ford persiguiera a replicantes, pero mientras en Los Ángeles los androides sueñan con ovejas eléctricas en nuestra península una pareja rememora su pasado frente a la tumba de su hijo. 

Dicho así hasta puede resultar atractivo, y no es mi intención. Os enfrentáis a dos interminables horas en compañía de Candela Peña y Javier Cámara, que sigue tan perdido como En los amantes pasajeros. Motivos no le faltan, los diálogos de Coixet son tan finos como los del último Almodóvar, y encima tiene que darle la réplica a una de las mejores actrices de nuestro cine, discursos de agradecimiento aparte

La inolvidable novia de Huma Rojo en Todo sobre mi madre interpreta a una mujer que perdió a su hijo fruto de una negligencia médica fruto a su vez de los recortes en sanidad. Cinco años después se rencuentra con su ex, que la abandonó y emigró a Alemania para empezar de cero. Comienza así un diálogo entre dos personas que tienen bastante que reprocharse el uno al otro y que podría haber resultado interesante de no ser por la pretenciosa puesta en escena de Coixet, que interrumpe constantemente la acción con secuencias de los personajes divagando en una caverna –ni que fuera cine amateur-, o por su poco elaborada y oportunista trama de denuncia social que esperemos no tarde en quedar obsoleta.

Lo mejor: el talento de una actriz a la que ni por un momento nos imaginamos viviendo en un coche.

Lo peor: la falta de talento de un actor al que ni por un momento nos imaginamos siendo heterosexual.


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