miércoles, 15 de mayo de 2013

Guerra Mundial Z: Primeras impresiones



Después de ver 15 minutos del estreno del verano, protagonizado por Brad Pitt y por millones de zombies creados por ordenador, las polémicas sobre su rodaje comienzan a disiparse.

Imagen:Paramount
Guerra Mundial Z es una novela de Max Brooks en la que se relatan las consecuencias de una guerra contra zombies a través de entrevistas a los supervivientes. Han pasado seis años desde su publicación y la adaptación cinematográfica llegará a las salas este verano, el 2 de agosto para ser exactos. Paramount ha querido enseñarnos quince minutos del film, correspondientes a tres secuencias no correlativas, que pasando por alto algún efecto visual poco sutil me han sorprendido gratamente.

Marc Foster ha sido el encargado de presentar este montaje, desde la pantalla lamentablemente, advirtiéndonos de que aún quedan algunos detalles técnicos por pulir antes del estreno de su esperada obra, que ha sufrido varios retrasos debido a su elevado presupuesto y a incorporaciones de última hora como la pareja de guionistas de moda formada por Drew Goddard (La cabaña en el bosque) y Damon Lindelof (Prometheus), que a pesar de no contar con grandes éxitos de taquilla en su currículum siempre serán admirados por ser dos de los escritores más productivos de la serie Perdidos.

Tras la introducción del director de títulos tan dispares como Monster’s Ball, Descubriendo Nunca Jamás y 007: Quantum of Solace, dio comienzo la suculenta primicia tal y como ya habíamos visto en el tráiler, con Brad Pitt y su familia feliz corriendo por la calles de una Philadelphia plagada de zombies, algo así como un cruce entre Lo imposible y 28 días después. Justo antes de que los militares empiecen a bombardear los puentes y así evitar la propagación del virus, saltamos a Jerusalén, con Gerry, que así se llama el personaje al que interpreta Pitt, haciendo nuevas amistades y enfrentándose a una montaña de zombies similar a la de aquel anuncio de Play Station 2.

Finalmente nos trasladamos a un avión, en el que por suerte los de clase turista no están dormidos como en el último engendro de Almodóvar, sino que son infectados y a Gerry no le queda otra que lanzar una granada, ¿os he dicho ya que están en pleno vuelo? Y hasta ahí hemos podidos ver, lo justo para quedarnos con ganas de mucho más. Dónde están la mujer (Mireille Enos, The Killing) y las hijas, quién es el paciente cero, cómo conseguirá bajar Gerry del avión… cuestiones para las que no obtendremos respuesta hasta el próximo verano, a menos que acudamos al libro de Brooks, al que por lo visto no han sido muy fieles.


lunes, 13 de mayo de 2013

Maniac (2012) Vs Maniac (1980)



Alexandre Aja, responsable de los magníficos remakes de Las colinas tienen ojos y Piraña, demuestra una vez más su pasión por el cine de terror con esta versión en primera persona del film de culto Maniaco.


Pocos de vosotros os acordaréis de Maniaco, película de 1980 protagonizada por un psicópata que arrancaba las cabellaras a sus víctimas para luego ponérselas a los maniquís con los que compartía piso. Alexandre Aja, director francés que conquistó la taquilla estadounidense con las contundentes Alta tensión y Las colinas tienen ojos, seguro que la recuerda como una de las obras que marcaron su infancia, que intuyo repleta de motosierras y máscaras de Hockey. 

Aja vuelve a dar una clase magistral sobre cómo hacer un remake con Maniac, a pesar de reservarse tan sólo las labores de guionista y productor –la dirección recae en Franck Khalfoun, con el que colaboró en Parking 2. Uno de los aciertos de Maniaco era ponernos en la piel de Frank, un psicópata obsesionado con el recuerdo de su madre que recorría las calles de Nueva York a la caza de mujeres indefensas, de esas que al huir siempre se tuercen un tobillo. En esta ocasión, los guionistas van un poco más allá y meten al espectador dentro de la cabeza de Frank, convirtiéndolo en sus ojos, pues el film está rodado en primera persona y solamente vemos al torturado personaje cuando se refleja en un espejo o en un par de ocasiones en que la cámara abandona su cuerpo.

El film original apenas contaba con planos subjetivos y utilizaba la respiración del maniaco como recurso que anticipaba sus brutales asesinatos, en la línea de los giallo de Dario Argento. Sin embargo Khalfoun se lanza al vacío apropiándose de la magnífica idea que tuvo John Carpenter en 1978 con la secuencia inicial de La noche de Halloween. El resultado, lejos de ser tedioso, es el deseado por sus creadores, adictivo como un videojuego y turbador como la lectura de American Psycho (Bret Easton Ellis, 1991).

Algunas de las escenas más memorables de la película que en su día dirigiera William Lustig, conocido sobre todo por la saga de Maniac Cop, se mantienen para goce de los fans, como la persecución en el metro y la venganza de los maniquís -que posiblemente inspirara la trama de Maniquí, otro título mítico de los ochenta. Otras tan bizarras como el truculento ataque de la madre zombie no están en este nuevo Maniac. A cambio tenemos una mayor profundización en el pasado del protagonista, con flashbacks que nos muestran su particular infancia, y también en su presente: de dónde saca tanto maniquí, porqué el pelo femenino es uno de sus fetiches y cómo intenta frenar sus sangrientos impulsos. 

No es hasta que conoce a Anna (Nora Arnezeder, descubierta en París, París), una artista que fotografía las figuras que son el oscuro objeto de deseo de Frank, que éste se plantea dejar aparcados sus hobbies y comenzar una vida “normal” junto a la encantadora francesa. Llegados a este punto os preguntaréis quién da vida al perturbado en cuestión, o quizás os parezca que de lo que se trata es de ver cómo se las ingenia para matar a las solteras urbanitas, pero esto ya lo hemos visto otras veces, aunque no de forma tan salvaje y menos en estos tiempos. Joe Spinell inmortalizó a Frank Zito, además de ser el autor del guión, era difícil superarle, o eso pensaba hasta que vi la mirada de Elijah Wood reflejada en el retrovisor mientras espía a su primera víctima. Las pocas veces que vemos su ojeroso rostro son más que suficiente para que se nos quede grabada su imagen de asesino en serie que bien podría vivir en la puerta de al lado. Absolutamente terrorífico.

Lo mejor: “Por favor no grites, eres tan hermosa”.

Lo peor: No volver a confiar en Frodo.
 


jueves, 9 de mayo de 2013

Un invierno en la playa (Stuck in love)



Greg Kinnear (Mejor... imposible) y Jennifer Connelly (Réquiem por un sueño) protagonizan esta comedia romántica mucho más placentera de lo que por su título podríamos imaginar.

Imagen:DeAPlaneta

Puntuación: 7

Comienzo este artículo con la triste noticia del cierre de tres de las salas más emblemáticas de Madrid, Paz, Roxy A y Roxy B, que dejan un vacío en la mítica calle Fuencarral, antaño una de las zona preferidas por los cinéfilos de la capital. Cada vez son menos los espacios destinados al ocio cinematográfico que podemos encontrar en la ciudad, aunque me niego a mencionar la dichosa palabra que todos tenemos en mente. Así que al mal tiempo una buena película como el debut de Josh Boone, que ha tenido la suerte no sólo de dirigir su propio guión sino de contar con dos de los actores más queridos por aquellos que amamos el séptimo arte, Greg Kinnear y Jennifer Connelly.

Un invierno en la playa cuenta la historia de una familia desestructurada de escritores. Bill (Kinnear) es un famoso novelista que sigue enamorado de su exmujer, Erica (Connelly), que como manda la tradición le dejó por alguien más joven y atlético. Samantha (Lily Collins) y Rusty (Nat Wolff) son sus dos hijos, obligados desde pequeños a dejar constancia de sus experiencias en un diario. A ella le van a publicar su primer libro sin siquiera haber acabado la carrera –cuando su padre lleva años de sequía creativa- y él es el raro del instituto que dedica poemas a sus compañeras y es fan de Stephen King. Mientras Sam es adicta a las citas rápidas, Rusty aun no ha tenido su primera relación, pero todo esto va a cambiar, no en vano se trata de una película sobre escritores y ellos mejor que nadie saben lo necesarios que son los conflictos dramáticos.

Pocos han sido los films protagonizados por escritores que han conseguido el respaldo del público, y mucho menos si no están inspirados en la vida de grandes autores como Shakespeare in Love o Las horas. Un invierno en la playa tiene a Stephen King, pero su intervención es breve y no estoy seguro del interés que puede suscitar el creador de clásicos como Carrie y Misery. A cambio encontraréis situaciones que bien podrían haber salido de la imaginación de Woody Allen pasadas por el filtro de Pequeña Miss Sunshine, lo que quiere decir que saldréis del cine con una sonrisa y una inyección de ese optimismo que hemos ido perdiendo con los años. 

Lo mejor: comprobar que Lily Collins posee algo de talento y no es simplemente la hija de Phil Collins.

Lo peor: la previsible resolución de algunas tramas.