Alexandre Aja, responsable de los magníficos remakes de Las colinas tienen ojos y Piraña, demuestra una vez más su pasión
por el cine de terror con esta versión en primera persona del film de culto Maniaco.
Pocos de vosotros os acordaréis de Maniaco, película de 1980 protagonizada por un psicópata que
arrancaba las cabellaras a sus víctimas para luego ponérselas a los maniquís con
los que compartía piso. Alexandre Aja,
director francés que conquistó la taquilla estadounidense con las contundentes Alta tensión y Las
colinas tienen ojos, seguro que la recuerda como una de las obras que
marcaron su infancia, que intuyo repleta de motosierras y máscaras de Hockey.
Aja vuelve a dar una clase
magistral sobre cómo hacer un remake con Maniac, a pesar de reservarse tan
sólo las labores de guionista y productor –la dirección recae en Franck Khalfoun, con el que colaboró en
Parking 2. Uno de los aciertos de Maniaco era ponernos en la piel de Frank,
un psicópata obsesionado con el recuerdo de su madre que recorría las calles de
Nueva York a la caza de mujeres indefensas, de esas que al huir siempre se
tuercen un tobillo. En esta ocasión, los guionistas van un poco más allá y
meten al espectador dentro de la cabeza de Frank, convirtiéndolo en sus ojos,
pues el film está rodado en primera persona y solamente vemos al torturado
personaje cuando se refleja en un espejo o en un par de ocasiones en que la
cámara abandona su cuerpo.
El film original apenas contaba
con planos subjetivos y utilizaba la respiración del maniaco como
recurso que anticipaba sus brutales asesinatos, en la línea de los giallo de Dario Argento. Sin embargo Khalfoun se
lanza al vacío apropiándose de la magnífica idea que tuvo John Carpenter en 1978 con la secuencia inicial de La noche de Halloween. El resultado, lejos
de ser tedioso, es el deseado por sus creadores, adictivo como un videojuego y turbador
como la lectura de American
Psycho (Bret Easton Ellis,
1991).
Algunas de las escenas más
memorables de la película que en su día dirigiera William Lustig, conocido sobre todo por la saga de Maniac Cop, se mantienen para goce de los fans, como la persecución en el metro y la venganza de los maniquís -que posiblemente
inspirara la trama de Maniquí, otro
título mítico de los ochenta. Otras tan bizarras como el truculento ataque
de la madre zombie no están en este nuevo Maniac. A cambio tenemos una mayor profundización en
el pasado del protagonista, con flashbacks que nos muestran su particular
infancia, y también en su presente: de dónde saca tanto maniquí, porqué el
pelo femenino es uno de sus fetiches y cómo intenta frenar sus sangrientos
impulsos.
No es hasta que conoce a Anna (Nora Arnezeder, descubierta en París, París), una artista que
fotografía las figuras que son el oscuro objeto de deseo de Frank, que éste se plantea dejar aparcados sus hobbies y comenzar una vida “normal” junto a la encantadora francesa. Llegados a este punto os preguntaréis quién da vida
al perturbado en cuestión, o quizás os parezca que de lo que se trata es de ver
cómo se las ingenia para matar a las solteras urbanitas, pero esto ya lo hemos
visto otras veces, aunque no de forma tan salvaje y menos en estos tiempos. Joe Spinell inmortalizó a Frank Zito,
además de ser el autor del guión, era difícil superarle, o eso pensaba hasta
que vi la mirada de Elijah Wood
reflejada en el retrovisor mientras espía a su primera víctima. Las pocas veces
que vemos su ojeroso rostro son más que suficiente para que se nos quede
grabada su imagen de asesino en serie que bien podría vivir en la puerta de al
lado. Absolutamente terrorífico.
Lo mejor: “Por favor no grites, eres tan hermosa”.
Lo peor: No volver a confiar en Frodo.


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