jueves, 16 de mayo de 2013

El gran Gatsby de Baz Luhrmann



Leonardo DiCaprio vuelve a ponerse a las órdenes del director de Romeo + Julieta de William Shakespeare en esta nueva adaptación del clásico homónimo de F. Scott Fitzgerald.

Imagen: Warner Bros
Puntuación: 5

Uno de los grandes libros del siglo pasado es El gran Gatsby, publicado en 1925 sin éxito alguno. Su autor, siguiendo la maldición de otros artistas, murió alcoholizado sin saber que su obra se estudiaría en las universidades, que se venderían muchos más de veinte mil ejemplares y que Robert Redford y Leonardo DiCaprio darían vida a Jay Gatsby. Me gustaría seguir escribiendo curiosidades sobre el genial novelista estadounidense, como su “aparición” en Midnight in Paris de Woody Allen o que el nombre de su mujer Zelda sirvió de título a una de las sagas más famosas de videojuegos, pero se notaría demasiado que intento ignorar al elefante rosa que se ha colado en la cartelera.

Antes de proseguir quiero dejar clara una cosa, Baz Luhrmann es el responsable de llevar al cine uno de los libros que mejor refleja el desencanto de la Generación perdida. Con esto quiero decir que no esperéis fidelidad al texto original (Romeo + Julieta) ni una duración comedida (Australia). Tampoco toméis como referencia Moulin Rouge, lo más cerca que ha estado Luhrmann de alcanzar la gloria, el spectacular, spectacular musical protagonizado por Nicole Kidman revolucionó la industria y abrió de nuevo las puertas a un género vetado en Hollywood. Los treinta primeros minutos de El gran Gatsby intentan recuperar la grandiosidad de aquel film, salvo que no hay coreografías con temas de Queen o Madonna ni tenemos a Satine colgada de un columpio, por lo que la magia se va perdiendo a medida que conocemos a Jay Gatsby (Leonardo DiCaprio).

Luhrmann quiere que su Gatsby sea misterioso, a sabiendas de que su público no ha leído a Fitzgerald, y por un momento consigue despertar en nosotros el mismo interés que provoca en Nick Carraway (Tobey Maguire, Spider-Man), un aspirante a escritor que siente admiración por su vecino, un playboy de cuya fortuna se desconoce el origen y que organiza las mejores fiestas de un Nueva York en fase de desarrollo. La trágica encarnación del sueño americano que probablemente inspirara la creación de uno de los iconos de la televisión actual, el Don Draper de Mad Men, sirve a DiCaprio para componer uno de sus papeles sedientos de Oscar.

Cuando descubrimos que la causa de tanto excesos es un amor de antes de la Gran Guerra llamado Daisy Buchanan (Carey Mulligan, Drive) la película entera pasa ante nuestros ojos –y aún queda bastante metraje por delante- y a Luhrmann le da por reprimir su excéntrico modus operandi. Baz, alguien está coartando tu creatividad, y viendo la cantidad de dinero que te han confiado para realizar esta producción (105 millones de dólares), mucho me temo que seas tú mismo. Así no.

Lo mejor: el vestuario y los decorados diseñados por Catherine Martin, esposa de Luhrmann.

Lo peor: desear regresar al pasado, como el propio Gatsby, y asistir por primera vez a la proyección de Moulin Rouge.


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