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jueves, 27 de marzo de 2014

Álex García y Verónica Echegui protagonizan Kamikaze


Dos de los guionistas de la productora que ha sentado las bases de la ficción televisiva en España, pretenden trasladar su caduco formato a la pantalla grande y destruir la poca dignidad que le quedaba a nuestro cine.
Por Juanma Fernández

Warner Bros
Puntuación: 3

Slatan (Álex García), un terrorista del Karadjistan, tiene que inmolarse dentro de un avión de pasajeros que va de Moscú a Madrid, pero el temporal ruso arruina momentáneamente su plan y ha de convivir durante tres días con el resto de la tripulación en un hotel de montaña. Entre ellos encontramos a Lola (Carmen Machi), recientemente enviudada y madre de dos niños, a Nancy (Verónica Echegui), una joven con instintos suicidas, a Camilo y a Natalia (Iván Massagué y Leticia Dolera), de luna de miel, a Eugene (Eduardo Blanco), un vendedor ambulante de zapatos femeninos –si es que semejante profesión existe en estos días- y a un anciano que de vez en cuando pasa por allí con el rostro de Héctor Alterio.

Con semejante compañía es de suponer que el terrorista, que por supuesto tiene sus motivos, dejará de serlo y se convertirá en un héroe. Resuelta la primera cuestión que todo espectador se hace nada más comenzar una película tan sólo queda saber cuánto tiempo tardará Álex García (Tierra de lobos) en quitarse la camiseta y lucir algún tatuaje a la altura de la entrepierna. Tres segundos. Apenas les falta tiempo a los responsables de este capítulo alargado de Los hombres de Paco para desnudar al protagonista. Parece ser que Álex Pina no es consciente de que en el cine no existe el zapping, el espectador –aunque debería- no va a abandonar la sala si no ve el torso de Slatan antes de que aparezcan los títulos de crédito.

En las últimas décadas, la ficción televisiva estadounidense ha mirado hacia el cine para satisfacer a un público cada vez más fragmentado y exigente, hasta llegar al momento actual con producciones que nada tienen que envidiar al séptimo arte, como Breaking Bad o Juego de tronos. En España ocurre justo lo contrario, el cine se nutre de la basura que le suministra los canales de televisión, convertidos en el principal medio de promoción de un film. Hasta Almodóvar ha sucumbido a dicho fenómeno con Los amantes pasajeros, por lo que el debut en la dirección de uno de los guionistas de Los Serrano o El barco por muy coral que sea no tiene nada de Berlanga o Trueba y mucho de Globomedia, productora que ha congelado la creatividad de nuestros guionistas gracias al desorbitado éxito de series como Aída o Águila Roja.

Lo único que hay que destacar en Kamikaze es el buen hacer de unos actores con pocas aspiraciones artísticas a los que les ha sonreído la suerte. Carmen Machi, Eduardo Blanco (El hijo de la novia) y Verónica Echegui (uno de los descubrimientos del desaparecido Bigas Luna) se adueñan de sus secuencias, víctimas de malos tratos, nómadas sin hogar y necesitadas de cariño que garantizan al menos una sonrisa.


viernes, 24 de enero de 2014

Mindscape, cine español made in USA



Jaume Collet-Serra (La huérfana, Sin identidad) produce el debut en la dirección de Jorge Dorado y le brinda su primera nominación al Goya.

Imagen:Warner Bros Pictures
 Puntuación: 5


John (Mark Strong, La noche más oscura) pertenece a una élite de expertos en introducirse en la mente de sospechosos para resolver crímenes o solucionar traumas de pacientes torturados. Su nuevo caso es una adolescente que se niega a comer y cuyos padres quieren enviar a un internado. El motivo no es la falta de apetito de su hija Anna (Taissa Farmiga, American Horror Story), sino más bien unas polémicas fotos que metieron a un profesor entre rejas y un trágico accidente en el que se vieron involucradas varias compañeras de clase. Pedofilia, asesinato y celos, ingredientes indispensables para ser  emitida un sábado por la tarde en televisión.

Anna revive la turbulenta relación con sus padres y sus días de instituto, nada que envidiar a los de la apocalíptica Carrie, mientras es observada de cerca por su particular detective-psicólogo. El dilema que se le plantea a John es si creer o no a la joven sociópata, puesto que uno mismo puede tergiversar sus propios recuerdos. 

La forma de entrar en cabezas ajenas es parecida a lo que vimos en Origen solo que más sutil, sin tanta jerga científica y con el mínimo instrumental. El resultado es sospechosamente similar al del film de culto de Christopher Nolan, como sospechoso es que la memoria de la mujer fallecida también interfiera en el trabajo de John. 

Mindscape sigue el esquema de Las dos caras de la verdad, director y guionistas juegan con su protagonista a la vez que con el espectador, ambos poseen la misma información en todo momento y se ven forzados a desconfiar de la traviesa Anna hasta llegar a un retorcido final por el que hemos ido perdiendo interés gradualmente. El film del novato Jorge Dorado, que comienza como una partida de Mansiones de la locura –imprescindible juego de mesa basado en los mitos de Cthulhu-, podría haber supuesto una reivindicación del cine de género como lo eran los primeros trabajos de Collet-Serra, La huérfana y La casa de cera, y termina siendo un rutinario thriller a ratos entretenido.

Lo mejor: la llegada a la mansión y esas colegialas traviesas que parecen sacadas de un manga.

Lo peor: la falta de desarrollo de los personajes principales.