Con un gran reparto en el que
sobresalen Cate Blanchett y Bill Murray, la sospecha se confirma, Buenas
noches, y buena suerte fue una maravillosa excepción en la carrera del
carismático actor.
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| Imagen: 20th Century Fox |
Puntuación: 4
A aquellos que vieron la española
La hora de los valientes (Antonio
Mercero, 1998) seguramente les resulte familiar la trama de Monuments
Men. En la Segunda Guerra Mundial un grupo de historiadores,
arquitectos y directores de museos, liderados por Frank Stokes (George Clooney), se les confía la
misión de recuperar las obras de arte robadas por los nazis. Interesante punto
de partida para un film con aroma a añejo que salta del drama a la comedia sin
demasiado tino.
El actor ganador de un Oscar
(mejor secundario por Syriana)
sorprendió a todos en su momento con la espléndida Buenas noches, y buena suerte, un ejercicio breve y conciso de
narración contenida que enfrentaba a políticos y periodistas durante la temida “caza
de brujas”. Luego se tropezó con Ella es
el partido, dividió a la audiencia con la discursiva Los idus
de marzo y yo me aburrí soberanamente con ambas. Me gustaría poder decir
que con Monuments Men revitaliza un género tan desgastado como el bélico
ambientado en la Segunda Guerra Mundial, pero esa tarea parece reservada a otro
niño mimado de Hollywood, Quentin
Tarantino.
George Clooney confunde sobriedad con monotonía y de lo único que
puede presumir es de contar con un reparto irrepetible. Cate Blanchett, que este año recibirá por fin un merecido Oscar en
la categoría de actriz principal (Blue
Jasmine), es Claire, una conservadora de arte que se ve obligada a colaborar
con el Reich supervisando algunas de las obras confiscadas. Su
personaje es sin duda el más complejo de un film que se sustenta sobre siete
hombres a los que ponen rostro Bill Murray,
Matt Damon, John Goodman, Jean Dujardin
(The Artist) y Hugh Bonneville (Dowton Abbey),
actores cuya sola presencia justifica parte de la tibia función.
Lo mejor: Blanchett, Blanchett y... ¡Blanchett!
Lo peor: la inevitable sensación de pérdida de tiempo.

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