Qué mejor manera de celebrar el
día de San Valentín que con una película romántica… aunque ver a Will Smith de Lucifer tenga poco de
esto último.
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| Imagen: Warner Bros |
Puntuación: 1
Muchos conocéis mi pasión por el
género fantástico y de terror, pero también siento debilidad por las historias
de amor, en especial si son de época como Shakespeare
in Love (John Madden, 1998) o Moulin
Rouge (Baz Luhrmann, 2001), y más aún si son dramáticas como Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005) o El diario de Noa (Nick Cassavetes, 2004)
y respiran cierta independencia como (500)
Días juntos (Marc Webb, 2009) o Buscando
un beso a medianoche (Alex Holdridge, 2007).
Cuento de invierno narra un milagro ocurrido a finales del siglo XIX en Nueva York, cuando el ladrón
Peter Lake (Colin Farrell) entra a
robar en la casa de Isaac Penn (William
Hurt) y se enamora de su hija Beverly (Jessica
Brown Findlay, Downton Abbey) a
la que le quedan pocos meses de vida. Para impedir que se consume su amor y
suceda un “milagro”, existen ángeles caídos y diablos camuflados entre el resto
de mortales, uno de ellos con el rostro de Russell
Crowe, que sirven ni más ni menos que a Will Smith, un Lucifer con la voz algo tomada.
Akiva Goldsman, guionista de una de las peores películas ganadoras
del Oscar, Una mente maravillosa, se
estrella con su debut en la dirección, que también produce y escribe adaptando
la novela de Mark Helprin. Cuento de
invierno no sólo es cursi, ridícula y farragosa, sus grandes actores
protagonistas interpretan con tanta convicción que nos hacen sentir vergüenza
ajena. Lo más sorprendente es que Goldsman continúe haciendo carrera después de
firmar los guiones de las infames Batman
Forever, Batman y Robin o El código Da Vinci. Como diría la reina
de corazones, “¡Que le corten la cabeza!”
Lo mejor: las sonrisas de la televisiva Jessica Brown Findlay y la
escurridiza Jennifer Connelly.
Lo peor: arruinar el 14 de febrero, un día supuestamente especial.

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