Con 12 candidaturas, la película de Steven Spielberg sobre
el famoso presidente es la más nominada de la 85 edición de los premios Oscar.
Lincoln es una película perfecta, técnicamente hablando. La
fotografía de Janusz Kaminski, el montaje de Michael Kahn y la música del
veterano John Williams, colaboradores habituales del antaño Rey Midas de
Hollywood, son tan correctas como cabría esperar. Daniel Day-Lewis, que ganará
su tercer Oscar, vuelve a deleitar a todos con su sobreactuación, la
insoportable Sally Field le planta cara como su sufridora esposa y Tommy Lee Jones
hace de sabio gruñón y se reserva la única sorpresa del film. En cuanto al
guión es lo que promete, más de dos horas en torno a la figura de Abraham Lincoln
y a la enmienda que abolió la esclavitud, si te interesa tan original propuesta
o tienes un examen de historia estás de enhorabuena. Sino suerte en la vida.
Steven Spielberg, ante tanta crítica a algunos de sus
trabajos por buscar la lágrima fácil, ha perdido parte de la magia con la que
impregnaba su obra, que provenía de su pasión por el séptimo arte. En Lincoln
se muestra demasiado comedido y sobrio, y el resultado dudo mucho que interese
fuera de las fronteras estadounidenses. Se aprecia el trabajo de documentación
que ha realizado tanto él como su equipo, pero por mucho que intenten humanizar
a Lincoln con secuencias en las que juega con su hijo, en lo que respecta a la vida
personal del presidente Spielberg chapotea en la superficie, y de un film que
lleva por título su nombre uno espera más.
Personajes como el del hijo interpretado por Joseph
Gordon-Levitt (Looper) o el de la propia Sally Field (The Amazing Spider-Man) deberían
haber tenido más protagonismo y al final lo que hacen es estorbar. Como también
estorban los monólogos de Daniel Day-Lewis, a nadie la cabe ninguna duda de lo
gran actor que es, pero deberían dejar de decírselo para que se esforzara
menos. A pesar de todo no seré yo quien no recomiende Lincoln, acostarse
sabiendo una cosa más es casi tan importante como pasar un buen rato.
Lo mejor: Tommy Lee Jones y su Thaddeus Stevens.
Lo peor: ¿y la escena del asesinato?

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