jueves, 21 de noviembre de 2013

Los juegos del hambre: En llamas



Segunda entrega de la saga de Suzanne Collins, inspirada extraoficialmente en la japonesa Battle Royale, que consigue lo impensable, superar a su predecesora y ridiculizar a su más reciente referente, Crepúsculo.

Imagen:eOne Films
Puntuación: 8

Los fans de Los juegos del hambre pueden respirar tranquilos. Mientras que las adaptaciones cinematográficas de los libros de Stephenie Meyer rápidamente fueron derivando en un folletín para adolescentes adormecidos, la sádica aventura futurista protagonizada por Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) puede presumir de estar siendo llevada a la gran pantalla con fidelidad, centrándose en la terrible historia y dejando en un segundo plano los líos amorosos de unos adolescentes convertidos en asesinos contra su voluntad.

Seguramente parte del mérito de Los juegos del hambre: En llamas se deba a sus guionistas, los ganadores del Oscar Michael Arndt (Pequeña Miss Sunshine, Toy Story 3) y Simon Beaufoy (Slumdog Millionaire, 127 horas), aunque el público esté más interesado en la nueva reina de Hollywood, que está igual de bien (o mal) que en el resto de sus últimos trabajos. El éxito de Jennifer Lawrence va más allá de mi entendimiento, pero cualquier actriz que tras ganar el Oscar se niegue a participar en un estúpido proyecto tiene mis respetos. Lo importante es que después de verla manejar el arco y lucir esos flamígeros vestidos uno no puede imaginarse a ninguna otra en el papel de la mesías del Distrito 12.

Los juego del hambre: En llamas transcurre inmediatamente después de que Katniss y Peeta (Josh Hutcherson) ganasen los 74º juegos del hambre. La mediática pareja se ve forzada a hacer un tour para motivar a la población empobrecida y divulgar la propaganda de El Capitolio. La cuestión que el espectador se plantea desde un principio es cómo van a acabar ambos participando de nuevo en dichos juegos, y os recomiendo que evitéis los spoiler pues el mayor peso de la trama transcurre fuera del campo de batalla. Baste con que sepáis que se está gestando una revolución en los distritos de Panem y que el presidente Snow (Donald Sutherland) está decidido a sofocarla.

Muchos os preguntaréis por qué esta segunda parte es mejor que la primera, contradiciendo la famosa frase. De entrada su director Francis Lawrence (Soy leyenda) –tranquilos que no es el padre de Jennifer- no subestima a su audiencia, y se toma su tiempo antes de que den comienzo los juegos, que a priori son el gran reclamo del film. Tiempo necesario para desarrollar el drama de unos personajes que aman por lástima y que luchan por retrasar su trágico destino, en los que reconocemos la influencia de Shakespeare, del cine épico de gladiadores e incluso del manga y del anime –de dónde sino iban a sacar a Effie Trinket (Elizabeth Banks) con su disfraz de cosplay o al valiente Finnick Odair (Sam Claflin) cargando con su mentora, la anciana Mags, a la espalda.

A nivel técnico han solucionado uno de los aspectos menos cuidados de la anterior Los juegos del hambre, los efectos visuales. Las poco logradas mutaciones de lobo dan paso a otro animal salvaje que protagoniza una de las secuencias más angustiosas, con permiso del inicio del violento show del título, momento cumbre de una película que ilumina aún más el género de ciencia-ficción en un año tan espacial como este 2013.

Lo mejor: el crescendo del último acto.

Lo peor: te ves forzado a leer los libros por miedo a los spoiler.


Alternativas: Btooom!, serie de animación japonesa de 12 episodios que te muestra lo que de verdad les pasa a aquellos tributos que no logran sobrevivir y cuyos rostros vemos proyectados en el cielo.

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